Gobierno Lobo acumula retos y suma compromisos incumplidos

Es más nutrida la lista de desaciertos o, más bien, las promesas que siguen sin traducirse en resultados concretos.

El Gobierno del presidente Porfirio Lobo Sosa llega a la mitad de su gestión con una serie de promesas incumplidas, un cúmulo de retos que debe enfrentar en los próximos dos años y una lista reducida de logros.

En mérito del Gobierno de la Reconciliación Nacional, se reconocen los esfuerzos realizados para reinsertar a Honduras en la comunidad internacional, de cuyo seno nuestro país fue separado a raíz del Golpe de Estado.

Otro de los logros atribuidos al presente régimen es la constancia con que se ha promovido la participación de funcionarios de los partidos de la oposición, en nombre de la unidad y de la reconciliación nacional.

Aparejado a esas realizaciones se han buscado respuestas para estabilizar los indicadores macroeconómicos que deberían conducir a la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

No obstante, es más nutrida la lista de desaciertos o, más bien, las promesas que siguen sin traducirse en resultados concretos. Los dos grandes problemas y, a su vez, reclamos sentidos de la población son la inseguridad y el desempleo.

Desde el último trimestre de 2011, se adoptaron diversas medidas legales, administrativas y operativas encaminadas a depurar los cuerpos del orden y encarar la violencia criminal. Existe, empero, una percepción de que hacia este rumbo se debe avanzar con más celeridad, decisión y fuerza.

En razón de la inseguridad y de los altos niveles de corrupción, la imagen de Honduras ha sido flagelada en tal magnitud que fue excluido de la Cuenta del Milenio, el Cuerpo de Paz fue retirado y otros sectores de académicos y turistas han cancelado su llegada al país.

En la materia laboral, es claro que No es suficiente con el acuerdo logrado entre los obreros y campesinos sobre el ajuste en el salario mínimo. La falta de empleo es una cruz que cargan alrededor de un millón 700 mil hondureños.

Éste es un factor determinante en la brecha social que abate a un gran segmento de la población. Basta con señalar que nuestro país tiene un millón 300 mil nuevos pobres, según los estudios del Foro Social de la Deuda Externa (FOSDEH).

En la rama fiscal, Honduras está expuesta No sólo a los peligros de una recaída de las economías mundiales, sino al crecimiento del gasto público que ha sido un denominador común en la actual gestión, sin dejar de lado el desordenado endeudamiento interno y externo.

Las dudosas contrataciones que el mismo mandatario ha calificado como “goles anotados en un abrir y cerrar de ojos”, le han impreso un signo negativo a la administración nacionalista. En ese registro sobresalen la adquisición de cien megavatios de energía, los cargos migratorios y el “arrozazo”, para sólo citar unos cuantos ejemplos.

La desorganización y los contrastes dentro del mismo Gabinete de Gobierno han sido más que notorios dentro del Gobierno del “Humanismo Cristiano”.

A Lobo Sosa se le critica la debilidad con que ha actuado para corregir estos entuertos, más aún cuando ha admitido la enmarañada burocracia que caracteriza la administración del Estado.

Especialmente cuestionada ha sido la actitud permisiva del Presidente en cuanto a la participación de sus colaboradores en la actividad proselitista. Hace apenas dos días, el titular del Ejecutivo les dio el visto bueno a sus funcionarios para que se dediquen a sus obligaciones de Estado de lunes a viernes y que se empleen a fondo en el quehacer de la política vernácula los fines de semana.

Representantes de organizaciones No Gubernamentales tienen la certeza de que con ello, el gobernante les ha dado una autorización tácita a los miembros de su Gabinete para que dispongan de los recursos del Presupuesto para financiar sus proyectos políticos.

A la administración del “humanismo cristiano” le quedan dos años. En este tiempo, Lobo Sosa debe dar muestras de que existe una genuina voluntad política porque al menos queden establecidas las bases del despegue de Honduras hacia mejores derroteros.

La clave está en provocar un giro cualitativo para privilegiar la transparencia, la rendición de cuentas y el buen Gobierno con justicia social y crecimiento económico sostenido.