Carretera de Danli un riesgo para conductores

La primera interrupción de la carretera se encuentra a unos siete kilómetros de la capital, donde funciona el motel Luxor, la cual se agrandó con el paso de las tormentas que azotaron al país durante este año.

Según los conductores que a diario cruzan por tan importante vía, esa parte de la carretera se está reparando desde hace varios años y nunca se termina; en días pasados maquinaria estuvo trabajando en el lugar pero a los días desapareció.

Adelante del desvío del municipio de Tatumbla, aproximadamente en el kilometro diez, está una “trampa mortal”, debido a que más de la mitad de la calle está partida y la mayoría de los conductores pasan a acceso de velocidad porque está entre dos curvas y es un lugar solitario.

En la zona hay rótulos y promontorios de tierra para advertir a los conductores, pero cuando las rastras y los buses interurbanos pasan por el lugar se observan pequeños desbordamientos de tierra y la superficie tiembla.

A pocos metros hay otra parte que está en proceso de reparación, pedazos de tramos sin pavimento, mientras que en la bajada del Uyuca, hay extensas grietas que amenazan con terminar de ceder en cualquier momento.

“Saliendo de Tegucigalpa hasta llegar a El Zamorano, uno se encuentra hoyos y baches cada 100 metros”, señaló el camionero Juan Bautista Sánchez, al momento que pasaba cerca de una enorme grieta.

“Los carros se maltratan porque uno se libran de un lado y cae a otro, ya se parece a la calle de Olancho, aunque aquí parece que va quedar incomunicada porque los daños son bastante grandes”, refirió.

Sánchez indicó que él recorre las carreteras del país día y noche logrando identificar que a las autoridades no les interesa la vida de la ciudadanía porque cuando hay unos problemas extremos como esos en las callas importantes no se preocupan en solucionarlos.

“La responsabilidad es del gobierno porque nosotros pagamos impuestos de estos carros, por los productos que transportamos, además cuando las carreteras están en estas condiciones limitan el comercio del país”, señaló.

“Hay tramos donde la calle está por desaparecer, otros no tienen pavimento y el polvo no lo deja ver, lo que es un peligro para aquellas personas que no la conocen, en cualquier momento puede suceder una tragedia”, expresó el motorista Reynieri Velásquez.

El señor indicó que la señalización que tiene instalada la Secretaría de obras Públicas, Transporte y Vivienda (Soptravi) no es buena, porque durante la noche no son visibles y algunos motoristas por temor viajan demasiado rápido.

“Otro peligro que las mismas autoridades han hecho túmulos, que en la noche no se miran y eso puede hacer que se de vuelta cualquier automóvil”, manifestó.

En tanto, un conductor de los buses que cobren la ruta Tegucigalpa–Danlí, manifestó que hay partes que se han agrietado desde hace unos dos años y sólo comienzan los trabajos y después se desaparecen.

Algunas fallas como la que está delante de Tatumbla y otras de la zona del Uyuca se formaron con el paso de las tormentas que cayeron durante este año, pero el problema es que no se mira solución.

Quien se ha visto beneficiado y logró conseguirse un empleo temporal es el padre de familia Marvin Ortega, que viaja desde Morocelí todas las mañanas para ponerse a reparar los baches y agenciarse unos lempiras.

“Donde yo vivo no hay trabajo y tengo cinco hijos, pero gracias a estos hoyos logro conseguir los alimentos diarios”, expresó mientras de un bus le tiraban cinco lempiras, los cuales se mezclaban con el polvo.