Editorial: "Un solo frente contra el crimen"

El orden es formar un solo cuerpo para combatir de frente a los forajidos, atajar sus dentelleadas, arrancar de raíz sus estructuras y detener el derramamiento de sangre que estos grupos han propiciado.

Los malhechores han enfilado sus acciones e intensificado sus ataques.

En los días que han transcurrido de febrero se registran tres masacres y si contamos el mes de enero, los homicidios múltiples sumarían 10 con un saldo de casi cuatro decenas de muertos.

Igual se ha recrudecido el hallazgo de cuerpos encostalados y otros que son encontrados decapitados, así como la incineración de carros repartidores y la quema de autobuses.

Las fuerzas del orden vinculan estos actos con pleitos encarnizados entre miembros de asociaciones ilícitas que pretenden mantener su hegemonía en los rubros criminales del narcotráfico, extorsión y sicariato.

Están en manos del hampa diversas zonas habitacionales distribuidas preferentemente en los departamentos de Francisco Morazán, Cortés, Atlántida y Yoro, los de mayor influencia criminal.

Es notorio que los criminales están reaccionando virulentamente ante las incursiones sistemáticas, contundentes y coordinadas de las agencias de seguridad, investigación e inteligencia.

En tres años, unas 170 colonias con alta incidencia de inseguridad han sido intervenidas de manera permanente y desbaratadas 355 bandas criminales de impacto.

Los esfuerzos han sido férreos, pero no suficientes. Y es que no es fácil destruir a un monstruo que hizo metástasis en la sociedad hondureña, de manera que la lucha contra la criminalidad ha de librarse bajo las líneas de constancia, renovación y replanteamiento de las estrategias.

En este escenario, urgimos llevar a término el saneamiento de la Policía Nacional, entrar de lleno en la certificación de los jueces y fiscales, además de sortear las debilidades de nuestro aparato de investigación e inteligencia.

Y desde la sociedad, nuestra respuesta debe ser contundente y alejada de toda indiferencia y pasividad; mucho menos complicidad con los grupos que nos han arrebatado la paz y pisoteado el imperio de la ley.

El orden es formar un solo cuerpo para combatir de frente a los forajidos, atajar sus dentelleadas, arrancar de raíz sus estructuras y detener el derramamiento de sangre que estos grupos han propiciado.