Editorial: "Una reforma migratoria integral"

Sin más dilaciones, ni propuestas populistas o compromisos vacíos, quienes están al frente de la administración del Estado, junto con todos los sectores de la hondureñidad, hemos de trabajar arduamente en la construcción de las facilidades que nos garanticen a todos vivir nuestro propio sueño, dentro de nuestra tierra y nunca en suelo extraño.

La zozobra terminó. Ahora sabemos cuáles son las reglas de juego y conocemos cómo se presenta el panorama, luego de la determinación de Los Estados Unidos de extender por seis meses el Estatus de Protección Temporal (TPS).

Esta resolución les da un margen a nuestros compatriotas amparados por dicho programa migratorio para el desarrollo de sus actividades productivas sin temor a que se desate en su perjuicio una cacería.

También crea nuevas oportunidades para entrar en alianza con los emigrantes de otros países, con miras a fundirse en un solo frente de defensa de los derechos que le son inherentes a quienes se han aventurado a vivir el "sueño americano".

El tiempo en que ha sido extendido el TPS les concede un respiro a los cargos de alto rango de la Cancillería y a los funcionarios diplomáticos de jerarquía designados en Washington en procura de la reivindicación de los "tepesianos".

Tras las gestiones intensas y los cabildeos que se llevaron a cabo estos meses, las autoridades hondureñas tienen un espacio prudente para elaborar y echar a andar una estrategia tendiente a regularizar la condición de los connacionales en la Unión Americana.

Ya es una ganancia que se haya otorgado una prórroga de seis meses a la designación del TPS, puesto que una decisión contraria les hubiera forzado a retornar al país o adquirir una condición de ilegales o indocumentados en territorio estadounidense.

El próximo paso está claramente esbozado y consiste en impulsar una ofensiva diplomática que nos permita hacer valer con todo aplomo los argumentos que justifican la legalización de los hondureños en el norte.

Después de dos décadas de trabajo fructífero, de contribución con el aparato productivo de Los Estados Unidos y de iniciativas emprendidas a costa del desmembramiento de sus familias, nuestros compatriotas adquirieron el suficiente arraigo para optar a un estatus migratorio permanente.

Nuestros gobernantes están frente al cometido irrenunciable de potenciar el Plan Alianza para la Prosperidad que, justamente, es una iniciativa que ha liderado Honduras con el respaldo de Guatemala y El Salvador, con quienes compartimos el Triángulo Norte de Centroamérica.

Sin más dilaciones, ni propuestas populistas o compromisos vacíos, quienes están al frente de la administración del Estado, junto con todos los sectores de la hondureñidad, hemos de trabajar arduamente en la construcción de las facilidades que nos garanticen a todos vivir nuestro propio sueño, dentro de nuestra tierra y nunca en suelo extraño.