Segunda vuelta, el tema central de discusión para atajar futuras crisis

La segunda vuelta se ha planteado como un asunto de necesario debate para ser adoptado en el esquema de consulta popular, tanto en las situaciones de pobre respaldo ciudadano como en aquellas circunstancias en las cuales la diferencia entre los principales contendores sea estrecha y dé lugar a reacciones como las que han afectado la gobernabilidad tras las elecciones del 26 de noviembre.

El balotaje es uno de los temas capitales que serán puestos sobre la mesa de las discusiones este año, en la perspectiva de las reformas políticas para evitar nuevas crisis.

La segunda vuelta es catalogada por un segmento de la opinión pública como un paso que hay que dar para legitimar la delegación del poder presidencial y atajar las situaciones conflictivas que se presentaron en el país tras la consulta de noviembre anterior.

Quienes propugnan por dicha alternativa, se fundamentan en que los líderes que han ganado la Presidencia en las últimas votaciones han recibido un débil respaldo de los electores que pone en entredicho su asunción.

Pero los que rechazan la segunda ronda comicial, arguyen que esta opción representaría un retroceso en la democracia participativa, a la vez que justifican que Honduras no cuenta con los recursos financieros ni logísticos para montar esta figura.

Honduras es uno de los dos países de Centroamérica, donde el balotaje no está definido dentro de la legislación electoral. En Nicaragua, esta potestad ciudadana quedó eliminada en 2013.

En Guatemala, el sistema está vigente en la eventualidad que durante la primera vuelta ninguno de los aspirantes a Presidencia más votados alcance la mayoría.

En El Salvador también es aplicada la opción en los casos en que la cita inicial con las urnas para elegir a las autoridades del país, no arroje un vencedor definitivo. En la contienda que ganó el actual mandatario, Salvador Sánchez Cerén, la participación ciudadana fue del 53 por ciento.

Y en Costa Rica, la legislación señala que para ganar la primera vuelta es necesario reunir el 40 por ciento de las papeletas válidas. El más reciente proceso democrático en aquel país alcanzó una asistencia del 70 por ciento de los ciudadanos habilitados para ejercer el sufragio.

En los comicios de 2017, Honduras reportó una participación del 55 por ciento de los empadronados, lo que equivale a 3.4 millones, mientras que en 2013 ese porcentaje fue del 61 por ciento, un poco más de tres millones de un total de cinco millones que estaban habilitados para emitir su voto.

En las elecciones de 2009, apenas el 49 por ciento de los convocados se presentaron a las urnas a pronunciar su decisión democrática, según lo reflejan los datos estadísticos de la vida institucional de Honduras.

La jornada que refleja el mayor porcentaje de participación de los electores es la de 1985, cuando el abstencionismo fue de apenas el 16 porciento y la asistencia de 84 por ciento.

En los siguientes procesos, la llegada de los electores disminuyó sustancialmente y volvió a reflejar un mayor apoyo ciudadano en las citas de 2013 y 2017.

La segunda vuelta se ha planteado como un asunto de necesario debate para ser adoptado en el esquema de consulta popular, tanto en las situaciones de pobre respaldo ciudadano como en aquellas circunstancias en las cuales la diferencia entre los principales contendores sea estrecha y dé lugar a reacciones como las que han afectado la gobernabilidad tras las elecciones del 26 de noviembre.