Ángel Gabriel Castro es un joven hondureño que decidió dejar los estadios y la fama para seguir su vocación religiosa. Desde niño, el fútbol fue su pasión. A los 14 años recibió el llamado a la selección Sub-17 y formó parte del equipo que clasificó al Mundial de Corea 2007, enfrentando a potencias como España, Argentina y Siria, eliminando a México. “Ahí fue que dejamos eliminado a México”, contó entre risas. Ese mismo año participó en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, jugando en el estadio Maracaná contra Brasil, Ecuador y Costa Rica. Su talento también lo llevó a la selección Sub-20 y a contratos en la primera división hondureña. “Siempre cuando estoy armando mi maleta, lo primero que va ahí es la pelota. Creo que Ángel no sería Ángel sin esto, porque todo esto me ayudó a mi formación”, reconoció en entrevista con Telemundo. TAMBIÉN: Olimpia aguantó el empate ante América, pero no le ajustó para clasificar a octavos 'Un vacío por llenar' A pesar del éxito, Ángel Gabriel sentía un vacío. “Hubo un punto en que lo tenía todo, pero como que no tenía nada”, expuso, y fue entonces cuando sintió el llamado de Dios. “ Todo un año nadie supo mi decisión”, recuerda. Cuando su familia lo descubrió, fue un proceso difícil, pero finalmente lo aceptaron. En diciembre de 2018 dejó los estadios y un mes después inició su formación religiosa. Hoy cursa su último año y está a punto de cumplir su sueño: ordenarse sacerdote. “No me arrepiento. Aún veo a mis compañeros jugar en la selección, pero no me arrepiento de la decisión que tomé. El fútbol me marca y ahora la pelota la tomo como un instrumento de evangelización”, aseguró. Uno de sus proyectos es crear un pastoral del deporte en Centroamérica, un espacio donde el fútbol funcione como puente para unir comunidades y acercar a los jóvenes a la fe, concluyó Telemundo en su reporte. MIRA ADEMÁS : En un partidazo, Juticalpa FC y Real España se reparten los puntos 'estrenando' estadio