Estamos a punto de que concluya el procesamiento de las actas electorales y de que se ponga final a la incertidumbre que ha generado la demora de esta etapa. Lo que esperamos ahora es que los sectores en contienda acepten los resultados de la contienda que sean validados por el Consejo Nacional Electoral. Es justo y procedente: que los perdedores acepten el veredicto de los ciudadanos y que los ganadores honren su obligación con el pueblo hondureño. Sabemos que son atípicas las circunstancias en que se ha desarrollado el proceso electoral y las condiciones que han determinado el escrutinio de los votos depositados en la jornada del domingo. Los problemas técnicos que se han presentado en la etapa más crítica del procesamiento de las actas han provocado reacciones de parte de las consejeras electorales y las dudas entre dirigentes y líderes de las divisas políticas tradicionales que se disputan la Presidencia. El estrecho margen de votos que ha separado al candidato liberal Salvador Nasralla y al aspirante nacionalista Nasry Asfura, sumado a las fallas del sistema, ha abonado para que el ambiente se vuelva más nervioso y la espera más tensa. MIRA: CNE revela plan de escrutinio y pide prudencia mientras avanzan resultados de elecciones Por encima de estos contratiempos muy singulares, un factor que tenemos que ponderar es que las elecciones se desarrollaron en un ambiente pacífico; reinó el civismo y la vocación patriótica de los hondureños. La voluntad del pueblo quedó plasmada en las urnas y de ello han dado testimonio fehaciente los observadores, tanto internacionales como locales, que se desplazaron a los centros receptores de votos. Todos ellos constataron cómo la justa fue una manifestación incontrastable de que los hondureños queremos vivir en correspondencia con la justicia, la armonía, el ordenamiento legal y el respeto al mandato de las mayorías. Los líderes políticos que han participado en los comicios tienen el desafío de interpretar fielmente el anhelo del pueblo hondureño: buscar la conciliación, la tolerancia y el bienestar de todos. Esto es lo que debe imponerse en un país donde más de 60 por ciento es pobre, la inversión dejó de llegar, la justicia social se convirtió en una simple declaración, el crecimiento económico se estancó y la salud y la educación dejaron de ser un derecho para ser un privilegio de pocos. Aun con todas estas adversidades, los hondureños hemos decidido depositar nuestro voto para pronunciarnos por el fortalecimiento de la democracia, el rescate de la institucionalidad y el afianzamiento del Estado de derecho. Las nuevas autoridades del país tienen el mandato del pueblo de ejecutar políticas de desarrollo de Honduras, procurar la justicia social y garantizar el ejercicio del poder con rectitud y en sintonía con lo que mandan la Constitución y las leyes. TAMBIÉN: Resultados de elecciones generales Honduras 2025: Asfura amplía ventaja