Arrancó el año lectivo 2026 . El gobierno de Nasry Asfura , que también ha iniciado, hereda una deuda histórica de incumplimiento al sagrado y obligatorio compromiso con la niñez y la juventud hondureña que sigue sin poder entrar a la escuela pública . Un escenario de descomunal inequidad que a través de las décadas le ha vedado el derecho a nuestros niños y jóvenes a una educación de calidad y pertinencia , mientras decimos, con no poco deje de incongruencia, que la educación es la base fundamental para la transformación y el progreso de esta sociedad. 2 de cada 5 menores siguen fuera de las aulas de clases , mientras 1.2 millones de jóvenes no alcanzan la meta de coronar una carrera universitaria. Con un maestro para atender hasta 57 alumnos, nos fuimos quedando a la cola a la región, en el objetivo de escalar en el conocimiento, y menos, en la innovación pedagógica. Pero se trata de indicadores y datos, que decimos nosotros, más que seguir siendo obstáculos insuperables para los gobiernos que llegan y pasan, con más pena que gloria, tienen que ser reconvertidos en desafíos y retos para superar gradualmente los altos niveles de inequidad que se reflejan, para el caso, en el acceso diferenciado hacia una oferta educativa de calidad. Es intolerable como inaceptable que los niños y niñas de Honduras , provenientes de los entornos socioeconómicos más bajos , sigan condenados a asistir a los centros educativos con el rendimiento escolar más precario, con un nivel académico inferior, repitiendo los grados con mayor frecuencia, y con las más altas probabilidades de abandonar la escuela antes de completar el nivel secundario. ¡Vaya desafío el que el gobierno de Asfura tiene por delante! Invertir en recursos educativos adecuados , en la formación docente y pedagógica, para lograr que las escuelas, independientemente de su ubicación o características socioeconómicas, ofrezcan una educación de calidad. Asumir el desafío para, por fin, atender, con inclusión, pertinencia y equidad, las necesidades de ese segmento poblacional en edad de estudiar. Ayudarle a los jóvenes a trazar las vías de acceso a mejores empleos a través de la educación, y no seguir poniéndole obstáculos en el camino a la distribución de las posiciones sociales que siempre debieron, por derecho, ocupar, pavimentaría además la hoja de ruta del nuevo gobierno hacia un sistema educativo más inclusivo, más equitativo y más respetuoso. No puede ser que sólo 31 de 100 jóvenes tengan la oportunidad de entrar a la escuela pública. Es la hora de revertir el fracaso del sistema en la cobertura y acceso obligatorio al conocimiento. El gobierno de Asfura tiene la oportunidad que se nos ha negado de construir una sociedad más democrática a partir de una educación más equitativa . Un sistema educativo capaz de formar integralmente a los jóvenes, y darles las herramientas necesarias para afrontar los problemas a los que seguramente se enfrentarán en el futuro. Fomentar la creatividad, el pensamiento crítico, la autodisciplina y la autodeterminación. En síntesis, la nueva administración no debe perder esta oportunidad. Tiene un gran desafío por delante, y es el de transformar este sistema, formando hombres y mujeres capaces de construir una sociedad sostenible, solidario y donde todos podamos vivir en paz. VEA TAMBIÉN: Editorial HRN: finanzas y populismo