El desprecio hacia la población de la tercera edad es un signo de vergüenza y uno de los pecados mayores de nuestra sociedad enferma y discriminatoria. Nada más el dos por ciento de los hondureños que sobrepasan los 60 años están cubiertos por algún programa de seguridad social, siete de cada diez viven en pobreza y el 95 por ciento de ellos todavía trabajan, porque no tienen otro camino para ganarse la vida dignamente. Una serie de estudios elaborados por la academia apuntan que un porcentaje representativo de los adultos mayores sobreviven con ingresos miserables de 50 lempiras diarios. Por sí solos, estos datos reflejan la precariedad en que viven nuestros viejos, olvidados por sus familiares y menospreciados por las autoridades que están obligadas a tutelar sus derechos. Honduras se ha ganado a pulso el nada honroso calificativo de ser el peor país del área para envejecer, porque nuestros abuelos no tienen acceso a la salud, ni a programas de asistencia social, tampoco a políticas de jubilación y retiro dignas. Está vigente una Ley Integral del Adulto Mayor que data de hace varias décadas y que, en suma, consigna que toda persona en su vida activa tiene el derecho y el deber de incorporarse a los sistemas de seguridad social de carácter público, privado o mixto, a efecto de garantizar un respaldo económico que le permita satisfacer las necesidades de su vejez. Es una normativa que quedó en puro “papel mojado”. También está en operación la Fiscalía Especial que atiende los temas que importan a los hondureños que superan con creces los 60 años de edad, pero en la práctica es una dependencia del Ministerio Público cuya acción es inútil en el cumplimiento de sus atribuciones. ¡Qué triste que así ocurra en esta Honduras, donde se perdieron el respeto al prójimo, los principios morales que redimen al ser humano y los postulados de una sociedad que debe crecer comunión, solidaridad, paz y justicia! VEA: 'Es un varoncito': Hallan a bebé recién nacido abandonado y embolsado en Lepaterique Mientras en otras comunidades, los adultos mayores son merecedores de un trato especial y de honra, porque representan experiencia, acumulación de vivencias y sabiduría, en Honduras ellos son literalmente “desechados” a su suerte. Los observamos todos los días haciendo filas para ingresar en los hospitales y en los centros de salud, con el fin de encontrar un cupo con un médico o reclamar sus medicamentos. También los vemos en las calles implorando una limosna, o en jornadas de larga espera para recibir una miserable suma por concepto de jubilación o un bono otorgado con tintes populistas por el Gobierno. ¿Qué clase de sociedad es esta, donde los viejos no importan, sino que son despreciados, pisoteados en sus derechos y echados a su suerte en el ocaso de su vida? ADEMÁS : La trampa del 'fiado', ¿cómo pone en riesgo las finanzas de miles de hogares?