Si hay algo que en Honduras siempre hemos tenido claro, es que la partidización de los órganos electorales y la injerencia que incluso en forma de chantaje, llegan a ejercer otros poderes del Estado , son y serán los obstáculos que impedirán siempre que los hondureños tengamos las garantías que nuestro voto se respeta y que nuestra decisión de elegir es nuestro mayor poder. El lamentable 'espectáculo' postelectoral que nos están 'ofreciendo' los consejeros propietarios no es entonces más que el penoso reflejo de cómo los intereses partidarios y su nefasta intromisión en la autonomía de los órganos electorales, son el lastre más pesado que como sociedad electorera nos toca también cargar y asumir en cuánto a sus nefastas consecuencias. Ya en 2008, la Misión de Observación Electoral de la OEA nos dejaba una recomendación sobre la cual no se podía seguir tapando los ojos y los oídos. Honduras tenía que establecer procedimientos urgentes y, a la vez, estructurales, para ampliar la distancia entre los magistrados de los organismos electorales y los intereses de sus partidos políticos. Cuatro o cinco años después, la Organización de Estados Americanos urgía reformar la composición partidaria del entonces Tribunal Supremo Electoral e instituir un servicio civil profesionalizado, a efecto de que las autoridades electorales respondiesen a la institución que lideran, más allá de su filiación partidista. Un organismo electoral, concluía la Misión de Observación de la OEA, no puede conducir un proceso de forma autónoma cuando los obstáculos impuestos por otros poderes del Estado, y la injerencia de los partidos políticos, condicionan e influyen las decisiones de las autoridades electorales, por encima de la sagrada jurisdicción de la institución que lideran y que deberían defender. Por eso es que cuando otros poderes del Estado, como el Ejecutivo o el Congreso Nacional interfieren a través del control presupuestario o la designación de quienes integran el órgano electoral, al punto de condicionar las decisiones políticas o jurisdiccionales de los consejeros, los garantes de los procesos comiciales terminan convirtiéndose en simples activistas o meros colocadores de 'stickers'. Ese es, a la luz de la actual coyuntura, el papel que el representante de Libre ante el Consejo Nacional Electoral , está desempeñando. El de mero activista del oficialismo de ese partido, y más, de la que parece ser en este momento la persona más poderosa, incluso que la propia mandataria Castro. La jurisdicción y la autonomía de los órganos electorales no puede estar, como sigue, adscrita a los partidos políticos, y, sobre todo, a sus caciques y jeques. Por eso es que también la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea , en la misma dirección que la OEA, enfatizó en una de sus observaciones, que la intromisión de los partidos políticos en el manejo de los procesos electorales, es y sigue siendo el peor daño que a la democracia electoral y participativa, se le ha causado. La peligrosa dependencia de los órganos electorales, y la membresía en forma de fierro marcado, de los consejeros electorales con los partidos políticos, está poniendo en riesgo la institucionalidad y la democracia misma. Es una luz de alerta que desde siempre ha estado encendida en Honduras. La deslegitimación de los órganos electorales, contaminados de sesgo partidista, han alterado gravemente los resultados a través de la historia, provocando un impacto político lesivo y destructivo para la estabilidad democrática. La dependencia y parcialismo del Consejo Nacional Electoral hacia los partidos políticos, así como la centralización de las actuaciones de los consejeros como meros activistas de sus partidos, nos sigue pasando la factura. Y en tiempos en donde los mismos partidos políticos han ido perdiendo su rol de interlocutores de las aspiraciones sociales, las demandas de un cambio político y la misma consolidación de la democracia ya no las buscaremos en los caciques y camarillas, sino en los nuevos liderazgos que tengan la capacidad y decencia de tomar distancia de las formas tradicionales, rancias y mañosas de hacer política en Honduras.