Finanzas y populismo: los tributos que pagamos los hondureños no son distribuidos de acuerdo con las prioridades del país, tampoco son enfocados como debería ocurrir a los sectores que generan desarrollo económico , productivo y social. Lo que prevalece son la inequidad fiscal y el desbalance en la administración de los recursos. Los ingresos por el pago de impuestos son desparramados groseramente, pese al sacrificio que representa el hecho que 40 de cada 100 lempiras del presupuesto provienen del pago de obligaciones al fisco. En promedio, 14,800 millones de lempiras ingresaron mensualmente el año recién pasado en concepto de impuestos ; de esta suma, unos nueve mil millones han sido destinados para los sueldos y salarios, y otros 6,500 millones fueron orientados al servicio de la deuda pública. Honduras tiene altos índices de desempleo, una pobre capacidad para atraer inversión, bajos niveles de competitividad y una presión tributaria asfixiante que ronda entre el 18 y el 19 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) . Finanzas y populismo en Honduras En el período gubernamental anterior no hubo un repunte significativo en la actividad económica, pero sí un debilitamiento del lempira respecto al dólar y, con ello, una inflación estancada de cinco por ciento que ha golpeado más fuerte a seis de cada diez hondureños pobres. Sigue siendo urgente un pacto fiscal, un diálogo por la inversión y el empleo y una concertación de discursos entre los representantes de la iniciativa privada y el sector oficial. En desprecio de esta necesidad, el Gobierno que acaba de entregar el poder mantuvo un desbocado gasto corriente y una pobre inversión pública. Imperó una rivalidad con la empresa privada y un manejo populista del fisco. La gestión Asfura tiene el mandato de preservar la salud de las finanzas que incluye la contención de los egresos para hacer una utilización racional de nuestros limitados recursos. Hay que establecer una verdadera justicia tributaria que descanse sobre la igualdad, la proporcionalidad y la disciplina, no en los tintes político-sectarios, los mismos que prevalecieron en el Gobierno del Poder Popular y también en otras gestiones. Hay que corregir el rumbo de la nación y esto implica no caer en la toma de decisiones fiscales tardías ni en la falta de eficiencia en el manejo del presupuesto que se refleja en la ejecución de la inversión pública de apenas el 30 por ciento. Es obligatorio que todos los actores participen en la concertación de las herramientas de política fiscal y económica. Para ello, deben anteponerse los criterios técnicos y la tolerancia. Lo primordial es crear un entorno favorable para el desarrollo económico. Lamentablemente, los gobernantes han estado más preocupados por sembrar la desconfianza, los desacuerdos y las posturas radicales que derivan en más pobreza y corrupción. Aguardamos porque en la gestión gubernamental 2026-2030 no se cometan los mismos errores para que el país sea enrumbado por el camino correcto. LEA ACÁ: Editorial HRN: La rendición de cuentas y la promesa fallida de la CICIH