Quizás debemos llamar “politiqueros” a los grupos minoritarios que han creado y alimentado el caos y q ue han mantenido bajo constante ataque la democracia electoral. Las lecciones de un proceso electoral accidentado. Aun en medio de todas las conspiraciones que ha sufrido nuestra democracia, instituciones electorales y Estado de derecho, debemos celebrar que estos actores que han actuado con perversidad estén recibiendo su “recompensa”; vale decir, las consecuencias de sus acciones. Las lecciones de un proceso electoral accidentado ¿Acaso no hemos de llegar a esa conclusión, tras las determinaciones del Gobierno de Estados Unidos de revocar la visa a representantes del oficialismo y de ciertos miembros de partidos en la oposición? El pueblo dio su veredicto y expresó su desaprobación al gobierno de Libertad y Refundación (LIBRE). Cuatro años antes, la mayoría de los hondureños también se pronunció contra el régimen de Juan Orlando Hernández. Quienes asuman el poder para el período 2026-2030, deben entender claramente que el pueblo habrá de juzgar en las urnas la mala o la buena administración que lleven a cabo en los cuatro años venideros. OTRAS NOTICIAS: Editorial HRN: En busca del bien común Hasta ahora, parece que los políticos no han entendido que así será. Tal es lo que se puede deducir de las declaraciones apresuradas, de los discursos irreflexivos y de los pronunciamientos arrogantes y presuntuosos de líderes y dirigentes de los partidos que se disputan la Presidencia de la República. Hay muchas lecciones que la clase política debe de aprender y poner por obra. Una de tales es que el pueblo ha mostrado su voluntad de dar un voto de confianza a la democracia y que está dispuesto a participar activamente en el rescate de la institucionalidad electoral. Igualmente, los ciudadanos hondureños se han manifestado por el adecentamiento de los políticos que están corroídos por la corrupción y ensombrecidos por su empecinamiento en violentar la Constitución y las leyes. Ha sido una virtud que la comunidad internacional haya mantenido sus ojos puestos en el proceso electoral de Honduras, ya que su labor de veeduría y de observación ha contribuido a evitar que los politiqueros hondureños hagan “de las suyas” y cumplan sus despropósitos. Hay mucho camino que recorrer en nuestra debilitada democracia: fortalecer la legitimidad de los comicios, preservar la alternabilidad en el poder, obligar a una depuración a los políticos que hasta ahora defraudaron a los electores con sus malas prácticas. Para lograr estos cometidos, es urgente que se produzcan reformas sustanciales. Los conocedores se han pronunciado por la aprobación de una segunda vuelta, el voto revocatorio, la elección de diputados por distritos y la integración de los organismos comiciales sin la injerencia nociva de los partidos. No podemos perder Honduras; todos, debemos trabajar en la construcción de posibilidades de desarrollo sobre un plan de país y un proyecto de nación. LEA ACÁ: Editorial HRN: escrutinio especial, legitimidad democrática y politiqueros