Carlos Gerardo Cerrato, quien ahora es pastor de la iglesia evangélica "Pasión por las almas", reveló en el foro 30/30 de TSI cómo fue posible que él se convirtiera en religioso tras permanecer varios años preso en Nueva York, Estados Unidos (EE. UU.), por ser miembro de una organización criminal.

En mayo pasado, el Congreso Nacional de Honduras reformó los Códigos Penal y Procesal Penal para endurecer penas y establecer el marco para declarar terroristas a organizaciones criminales.

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El pastor Carlos Cerrato acude de manera periodica con los feligreses a realizar visitas a los penales.

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Pudieron salir de ese mundo

Posteriormente, el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) aplicó esta figura a la Pandilla 18, la MS-13 y el Cártel del Diablo. Con ello se han venido una serie de acciones, medidas y hasta prohibiciones en los centros penales, entre ellos las visitas de pastores.

En ese contexto, durante el foro, dos líderes religiosos mostraron cómo lograron salir de las estructuras criminales y luego entregaron su vida a Dios. Sumado a ello, con su testimonio esperan recuperar a más jóvenes que han tomado este mal camino.

Conoció a Dios en la prisión

“Me establecí en Los Ángeles, California, y luego me trasladé a Nueva York, donde fui condenado a 48 años de prisión. Posteriormente, me redujeron la condena en 40 años, por lo que estuve preso durante ocho años”.

“Para gloria de Dios, en septiembre de 1997, mientras me encontraba en la celda número 20, castigado por haberme peleado con un policía y dos pandilleros, viví una experiencia espiritual. Alrededor de la 1:00 de la mañana, Jesucristo se me apareció en el calabozo, vestido con una túnica blanca y con la corona de espinas ensangrentada. Lo vi llorando por mí”, relató

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Según el pastor, ese día tuvo un encuentro personal con Dios y todo cambió. Es por ello que determinó servirle y ahora tiene 30 años convertido y 20 como pastor, ayudando a las personas que desean apartarse del mundo criminal.

Su testimonio debe servir a los demás

Cerrató comentó que él ingresó a las estructuras delincuenciales en 1987, cuando era muy joven, por lo que afirma que el enemigo acabó con su juventud. Sin embargo, ahora su testimonio sirve para que los demás muchachos se aparten del mal.

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Cerrato afirmó que entregó su vida a Dios y todo cambio para él.

Según manifestaron en la conversación, muchos jóvenes pueden salir de este tipo de organizaciones, congregarse en las iglesias, entregar su vida a Dios y evidenciar que sí se puede cambiar para bien.

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