Luego de la incertidumbre que ha ido en crecimiento sobre las elecciones en Venezuela, el gran temor es que el régimen del poder popular en Honduras replique el modelo fraudulento que el chavismo utilizó para alzarse con la victoria el 28 de julio.
El Gobierno de la presidente Xiomara Castro ha sido uno de los primeros en manifestar su simpatía con la dictadura de Nicolás Maduro, mientras la mayoría de los países del área han planteado su condena a los métodos de los que se hizo Nicolás Maduro para cristalizar su plan de asalto a la aspiración de los venezolanos de recuperar la libertad y emprender la reconstrucción de su país.
¿Es un anuncio de lo que espera a los hondureños, en el supuesto que la mayoría se pronuncie en contra de la actual administración y emita un voto de castigo a los que proclaman la refundación de Honduras?
El próximo mes, el Consejo Nacional Electoral de Honduras convocará a los comicios primarios que se llevarán a efecto en marzo de 2025; en mayo, próximo se haría el llamado para efectos de la consulta general de noviembre del año entrante.
Se proyecta que el proceso electoral de 2025 tendrá un costo de alrededor de 1,400 millones de lempiras; pero, independientemente de ese sacrificio presupuestario, lo que más importa es la transparencia de la consulta en cuanto se trata de la voluntad del soberano en las urnas.
Son mayores las dudas que se ciernen alrededor de las elecciones en el país. Una franja importante de la población percibe que existe una fuerte intención del partido en el Gobierno de perpetuarse en la conducción del país.
Honduras tiene una prolongada historia de elecciones manchadas por prácticas mañosas que han ido en menoscabo de la expresión fidedigna del pueblo.
Las de recuerdo más inmediato son los comicios internos y generales que dieron lugar a la reelección del exmandatario, Juan Orlando Hernández, un proceso en el que confabularon las instituciones partidarias y los órganos colegiados en materia comicial, incluso los Poderes Legislativo y Judicial.
La reacción de la ciudadanía debe ser contundente, inflexible e implacable para evitar que triunfen quienes tengan la intención de montar elecciones ilegítimas y que sean impuestos candidatos en cargos de elección, mediante la manipulación de los resultados en las urnas.
De lo contrario, Honduras puede ser conducido a ser un país donde no existe la democracia y donde lo que prevalece es el poder de grupos fácticos e ideologizados.
Es procedente debatir en torno a todas aquellas propuestas que profundicen la democracia. En la agenda ha quedado pendiente el tema de la segunda vuelta, en aras de que el mandatario sea electo con el porcentaje alto y representativo.
En el tintero están desde hace mucho tiempo otros temas de reforma como son el continuismo en el ejercicio del Poder Ejecutivo, la existencia de los partidos emergentes, la certificación de los candidatos, la integración de las mesas receptoras de votos, la depuración del censo, la auditoría de los recursos destinados a las campañas proselitistas, los mecanismos de escrutinio de sufragios y la transmisión de datos; en suma, una democracia legítima y participativa.

