La Honduras en la que tratan de sobrevivir siete de cada diez habitantes en situación de rezago se hace jirones por la desigualdad, la corrupción, la impunidad y la falta de un proyecto de país.

Abundan las señales de que nuestros gobernantes son demagógicos; nuestros líderes están llenos de una ambición enfermiza; y nuestro pueblo se encuentra avasallado por la pobreza y la inequidad.

La injusticia y la desigualdad se han impuesto como sello de la población pobre, que son los más en nuestro país. Los hondureños somos presa de una sociedad en crisis en todos sus ámbitos: económico, social, político y cultural.

La mayoría de nuestra gente sufre en un entorno que está condicionado por la emergencia sanitaria, por el debilitamiento del aparato productivo, el descrédito del quehacer político y la degradación de nuestra democracia.

Nuestra sociedad entró en un proceso más acelerado de descomposición, a causa de la corrupción y de una incomprensible complacencia en los actos de los deshonestos.

¿Demagogia y falta de visión?

La pregunta es si tenemos esperanza de vivir en un país distinto donde prevalezcan la justicia y No la exclusión.

Quizás podemos aspirar a construir una nación donde se dé respuesta a los pobres o ¿vamos a permitir que los pseudo líderes que solo buscan usurpar el poder se salgan con la suya?

Aspiramos a que sea construida una Honduras donde existan puertas abiertas para todos y donde sean divulgadas las buenas nuevas para quienes buscan la justicia, la libertad y el respeto a la voluntad del pueblo.

A las puertas de la elección de nuevas autoridades del país en una consulta democrática transparente, legítima y masiva, los hondureños abogamos por un plan de nación y de un plan de país con equidad, prosperidad, pero sin tolerancia para los corruptos, los violadores de la ley, los conspiradores de la democracia y los que buscan torcer la expresión de la mayoría en las urnas.

Nos hacemos eco del pronunciamiento de la Conferencia Episcopal y de la Confraternidad Evangélica: debemos luchar por la paz, por nuestras familias, por la democracia y por Honduras.

Hoy más que nunca, debemos avivar el compromiso de todos para edificar una nación más digna y próspera; un país donde se luche codo con codo por el bien común y donde el bien de uno se convierta en beneficio de todos.

¡Si No lo entendemos así, ya No queda nada más que hacer en este país que está secuestrado por la política, la demagogia y el populismo!

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