La deuda externa es uno de los temas económicos más relevantes en el debate público y gubernamental, especialmente en países en desarrollo como Honduras.

Aunque suele percibirse como un asunto técnico reservado a economistas y autoridades financieras, su influencia se extiende directamente a la vida cotidiana de la población, pero, ¿qué es, cómo evoluciona y de qué manera afecta al ciudadano común?

¿Qué es la deuda externa?

La deuda externa es el dinero que un país debe a prestamistas extranjeros, como gobiernos, organismos multilaterales (por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial), o inversionistas privados, entre otros.

Honduras recurre a este tipo de financiamiento cuando necesita recursos adicionales para proyectos públicos, atender emergencias o cumplir con compromisos presupuestarios que no puede cubrir con ingresos propios.

Este tipo de deuda debe ser devuelta en plazos pactados y con intereses. Si se gestiona adecuadamente, puede ser una herramienta de desarrollo, pero si se acumula de forma descontrolada o se utiliza de manera ineficiente, puede convertirse en una pesada carga para la economía nacional.

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¿Está creciendo la deuda externa de Honduras?

En términos relativos, la deuda externa no está creciendo, según las autoridades económicas del país.

Para el caso, al cierre del primer trimestre de 2025, el saldo de la deuda externa de la Administración Central hondureña fue de 9,020.6 millones de dólares, lo que representa el 22.4% del Producto Interno Bruto (PIB).

Esta cifra muestra una reducción de tres puntos porcentuales en comparación con diciembre de 2024, debido a pagos realizados a acreedores multilaterales.

Sin embargo, la mayor parte de la deuda sigue concentrada en estos organismos (66.4%), seguidos por tenedores de bonos soberanos (22.1%) y acreedores bilaterales (10.1%), según un informe de la Secretaría de Finanzas.

Un dato importante es que Honduras está perdiendo acceso a financiamiento concesional —es decir, con mejores condiciones— y ahora debe recurrir cada vez más a préstamos con tasas de mercado, lo cual encarece el servicio de la deuda, que se refiere al pago de intereses.

¿Por qué Honduras sigue endeudándose?

Aunque ha habido esfuerzos para reducir el peso relativo de la deuda, el país sigue solicitando nuevos créditos, en parte por la necesidad de financiar proyectos prioritarios y cubrir déficits presupuestarios.

La condición de país de ingreso medio-bajo limita el acceso a préstamos blandos, lo que obliga al gobierno a aceptar condiciones más exigentes para obtener recursos.

Además, si no se fortalece la recaudación fiscal ni se amplía la base tributaria, el Estado seguirá dependiendo del endeudamiento externo como fuente principal de financiamiento.

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¿Cómo afecta la deuda externa a los hondureños?

El impacto es tangible. En los primeros tres meses de 2025, Honduras pagó 370.2 millones de dólares en servicio de deuda externa, de los cuales 319.1 millones de dólares fueron a capital y 47.1 millones de dólares a intereses.

Estos recursos podrían haberse invertido en salud, educación o infraestructura, pero en su lugar fueron destinados a cumplir obligaciones financieras, según el informe de Finanzas.

Además, para honrar estos compromisos, el gobierno podría verse forzado a reducir el gasto público, subir impuestos o contraer nuevos préstamos, generando un ciclo difícil de romper.

La población, especialmente los sectores más vulnerables, siente el impacto en forma de servicios públicos deficientes, mayores precios y menos oportunidades económicas.

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Aspectos en los impacta la deuda externa

  • Menores inversiones en servicios públicos

Cuando el gobierno destina grandes recursos al pago de deuda externa, queda menos dinero para mejorar hospitales, escuelas, carreteras, seguridad y programas sociales.

Esto se traduce en hospitales sin medicinas, escuelas con menos maestros o carreteras en mal estado, afectando la calidad de vida de todos.

  • Aumento de impuestos y tarifas

Para reunir fondos que permitan cubrir los compromisos de deuda, el gobierno puede subir impuestos o crear nuevos tributos.

Esto puede reflejarse en precios más altos de combustibles, energía eléctrica, alimentos o servicios básicos, reduciendo el poder adquisitivo de la población.

  • Alza en el costo de la vida

En algunos casos, para cumplir con las condiciones de los organismos internacionales, el país puede verse obligado a devaluar su moneda.

Esto encarece los productos importados, como tecnología, medicinas y alimentos procesados, elevando así el costo general de la vida para las familias hondureñas.

  • Reducción de empleo y oportunidades económicas

La falta de inversión pública puede hacer que proyectos de infraestructura, desarrollo agrícola o industrial se paralicen o se ralenticen.

Esto limita la creación de nuevos empleos y afecta a pequeños negocios que dependen de un entorno económico activo y saludable.

  • Incertidumbre económica y social

Una deuda externa mal manejada puede generar desconfianza en los inversionistas nacionales e internacionales.

Esto frena inversiones privadas, encarece créditos bancarios y debilita la estabilidad económica general, lo que al final golpea directamente al ciudadano con menos oportunidades de mejorar su situación financiera.

Un equilibrio necesario

La deuda externa, cuando se utiliza de forma estratégica y con transparencia, puede impulsar el desarrollo, pero requiere un manejo técnico y político responsable, con una visión de largo plazo.

En un contexto de desafíos fiscales y presión social, el reto para Honduras será equilibrar la necesidad de financiamiento con el bienestar de sus ciudadanos.

La sostenibilidad de la deuda no es solo una meta macroeconómica: es una condición fundamental para garantizar que el país avance sin comprometer el futuro de las próximas generaciones.

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