En el extremo norte de América, justo al este de Canadá, se encuentra Groenlandia, la isla más grande del mundo, cubierta en un 84 por ciento por hielo, según National Geographic. A pesar de su tamaño y relevancia estratégica, sigue siendo desconocida para muchos, aunque las grandes potencias mundiales han mantenido interés en la región en los últimos años. Aunque geográficamente está en América, la isla de 2,16 millones de kilómetros cuadrados pertenece desde hace siglos al reino de Dinamarca, un país que también posee las Islas Feroe. Groenlandia antes de la llegada de los daneses estuvo marcada por la presencia de vikingos y la población originaria inuit, quienes se asentaron en la isla alrededor del año 1300 y mantienen hasta hoy sus tradiciones culturales. De tierra vikinga e inuit a territorio danés oficial Los vikingos desaparecieron de Groenlandia por las duras condiciones climáticas y la escasez de recursos, mientras que los inuit sobrevivieron y consolidaron su presencia. Desde el siglo XIV, Dinamarca y Noruega formaban un mismo reino, y en 1721 el misionero danés Hans Egede lideró la recolonización de Groenlandia, imponiendo el cristianismo sobre los inuit. En 1814, tras las Guerras Napoleónicas, Dinamarca heredó oficialmente Groenlandia y las Islas Feroe tras la disolución del Reino de Dinamarca-Noruega y la cesión de Noruega a Suecia. Desde la Constitución de 1953, Groenlandia forma parte oficial de Dinamarca y, con el referéndum de 2009, su autonomía política y administrativa se amplió notablemente. ¿Por qué Donald Trump quiere a Groenlandia como parte de Estados Unidos? La isla también ha captado la atención de Estados Unidos, especialmente bajo la administración de Donald Trump, quien declaró en Truth Social que “EE.UU. necesita Groenlandia por motivos de Seguridad Nacional” y que su ubicación es “vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo”, en referencia a su sistema de defensa antimisiles. La actual administración la defiende ahora bajo una lógica de supervivencia estratégica . El argumento principal es que el Ártico se ha convertido en el nuevo epicentro de la competencia global entre grandes potencias, y poseer Groenlandia permitiría a Washington cerrar un agujero negro de seguridad frente a la creciente presencia de naves y submarinos rusos y chinos en la región. Más allá de la defensa, existe un factor económico determinante relacionado con la crisis climática. El progresivo deshielo de la isla está dejando al descubierto vastos depósitos de tierras raras, minerales que son absolutamente críticos para la fabricación de tecnología de vanguardia, desde teléfonos inteligentes hasta sistemas de armamento avanzado y vehículos eléctricos. Actualmente, China domina el mercado global de estos recursos, y para el gobierno estadounidense, la adquisición de Groenlandia representaría una oportunidad única para asegurar su propia cadena de suministro y alcanzar una independencia energética y tecnológica total a largo plazo. MIRA: VIDEO: Mujer enfrenta a tiros a ladrones que intentaron atracarla