La Dirección Policial de Investigaciones (DPI) confirmó en las últimas horas la captura de una mujer que llevaba evadiendo la justicia hondureña por casi tres décadas, acusada de la comisión de dos delitos en perjuicio de la seguridad.
De acuerdo con el reporte policial, el Juzgado de Paz de El Progreso, Yoro, emitió su orden de captura el 23 de noviembre de 1998.
Tras labores de seguimiento y vigilancia, agentes del Departamento de Delitos Contra la Vida de la DPI la lograron ubicar y detener en la colonia Capules de San Pedro Sula, Cortés.
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¿Quién es la detenida?
La arrestada y quien evadió la justicia por casi tres décadas es una mujer que ahora tiene 63 años, originaria de Gaulcince, Lempira. Sin embargo, en la actualidad residía en la colonia Nuevo Plan, de San Manuel, Cortés.
Sobre ella recaía una orden de captura emitida a finales de los años 90 por suponerla responsable de los delitos de hurto y amenazas a muerte en perjuicio de otra mujer.
A pesar del paso de los años, la orden de captura permanecía vigente en el sistema policial. En ese sentido, se motivó su cumplimiento una vez que se confirmó su ubicación.
Tras requerirla, los agentes de la DPI procederán a poner a la fémina a la orden de los juzgados solicitantes en Yoro, para que así se siga con el proceso que demanda la ley.
¿Qué sucede al evadir tantos años la justicia?
Cuando un hondureño tiene una orden de captura vigente y evade la justicia, se convierte automáticamente en prófugo de la ley, lo que implica consecuencias legales graves.
La policía y el Ministerio Público pueden emitir alertas nacionales e internacionales, como notificaciones a Interpol, para ubicarlo y detenerlo.
Además, se le puede bloquear cualquier intento de realizar trámites oficiales, como renovar documentos de identidad, pasaporte o licencias. Esto, por que su estatus legal lo identifica como persona con procesos pendientes ante la justicia.
La evasión de la justicia también afecta directamente la vida cotidiana del prófugo. Además, vive con la constante amenaza de ser detenido, limitando sus movimientos y relaciones sociales.

