Recién el 14 de julio pasado, la población hondureña cumplió cuatro meses en cuarentena, 121 días en confinamiento.

El encierro después de que el 14 de marzo se confirmó el primer caso de covid 19 en el territorio nacional, le ha pasado al país una carísima factura y con proyecciones como las que recientemente hizo la Comisión Económica para América Latina, ha caído como una pesada loza sobre toda la población hondureña.

La pandemia, pero sobre todo, sus consecuencias, como el confinamiento y el encierro total, han terminado de convertirse, cuatro meses después, en una especie de lapida para los hondureños, para los medios productivos del país, que no son más que los medios de vida de miles de emprendedores, trabajadores, jefes de hogares, comerciantes y ciudadanos de a pie.

Cuánto nos ha costado el encierro! La cuarentena resquebrajó el tejido productivo, le cerró el grifo de los ingresos a un 67 por ciento de hogares, dejó en suspensión laboral a más de 400 mil trabajadores, el peor índice histórico de desempleo, orilló al cierre a casi un 40 por ciento de pequeños y medianos emprendimientos, tiene al borde del colapso a no pocas empresas grandes, ha estancado los ya de por sí ralentizados avances sociales que el país había obtenido en la última década. ¿cuánto más habrá que soportar?.

La micro, pequeña, mediana y gran empresa dice que la situación ya es insostenible. Más de un millón y medio de hogares cuyas cabezas de familia dependen de sus salarios, apenas si reciben ingresos. Un mayoritario 73 por ciento de empresas y comercios reportaron al final del pasado mes de junio, no haber vendido absolutamente nada! Los cierres pues no han hecho más que empeorar los medios de vida de los hondureños.

El confinamiento, que ya a esta altura debió relajarse en la medida que se extremaran las políticas públicas de seguridad sanitaria, se volvió insostenible. La cuarentena ha confinado a niveles -ojalá que no irreparables- la vida misma de los hondureños.

Ha desgastado casi hasta su colapso, la economía del país. ¿Deberíamos a esta altura, después de cuatro meses de encierro, seguir como seguimos, enredados en la vieja disyuntiva?; ¿salvamos empleos o salvamos vidas? ¿salvamos vidas o medios de vida?… La experiencia de Guayaquil Ecuador, ciudad que llegó a registrar hasta 500 muertes diarias por covid, tiene que ser ejemplarizante para las autoridades hondureñas!.

A la par de las políticas públicas sanitarias que recalaron en la conciencia de la población de la ciudad, la alcaldesa de Guayaquil reabrió gradualmente su comercio al tiempo que implementó una serie de medidas compensatorias para estimular la economía de la ciudad.

Mientras lograba reducir a cero las muertes después de que mil 254 personas fallecieron víctimas del covid, la máxima autoridad de la ciudad reabrió la economía fomentando el emprendimiento local, hasta el extremo de contratar a más de 200 mujeres cabeza de familia para la confección de mascarillas. Destinó 50 millones de dólares para créditos a los comerciantes, y así salvó miles de empleos, reactivando el comercio local.

Guayaquil ya no registra más muertes por covid, después de que los cadáveres prácticamente se podrían en las calles de la ciudad. ¡Se salvaron vidas y se salvó la economía de la ciudad! El confinamiento, presidente Juan Orlando Hernández, no puede seguir indefinidamente.

No hay país que lo soporte, y mucho menos el nuestro! Naciones como Uruguay, Paraguay, Costa Rica y Panamá, acá cerca, se han embarcado en planes agresivos para salvar sus economías y los medios de vida de sus ciudadanos.

El covid seguirá ahí pero el sostenimiento del empleo y las empresas abiertas, mantendrán saludables los mismos medios de vida de emprendedores y trabajadores. ¡Reabrir la economía será reabrir Honduras!.