El acelerado deslizamiento del lempira respecto al dólar ha vuelto a despertar la inquietud y preocupación de diversos sectores, porque coincide con la revisión del acuerdo económico suscrito con el Fondo Monetario Internacional y se da en un entorno internacional de mucho nerviosismo por la escalada comercial iniciada por Estados Unidos.

La rapidez con que el lempira ha caído respecto a la divisa estadounidense levanta incertidumbre porque impacta directamente sobre la inflación, las reservas internacionales, la producción y la competitividad económica.

Desde septiembre de 2024, la moneda nacional ha experimentado una depreciación de 94 centavos. Lo que ha despertado desconcierto es que, después de un período de relativa estabilidad, el lempira volvió a entrar en turbulencia.

En 2025, el lempira pasó de una cotización de 25.50 a 25.82 por cada dólar, un debilitamiento que viene arrastrado desde el año pasado y que obedece a medidas de política cambiaria y monetaria condicionadas por el Fondo Monetario Internacional.

Justo tres años atrás, se registró un inusual deslizamiento del lempira, una acción que, en su momento, fue relacionada con los objetivos de incrementar la recaudación de impuestos y de favorecer a ciertos grupos económicos.

La depreciación del lempira desencadena muchas situaciones negativas por encima de aquellas circunstancias de las que podrían tomarse ventaja. Una de tales consecuencias es el aumento en el servicio de la deuda pública.

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Quizás el resultado más grosero de la depreciación monetaria es el empobrecimiento que, a su vez, trae consigo mayor deterioro de la calidad de vida de los hondureños más necesitados.

Uno de los cuestionamientos que se han hecho caer sobre el Gabinete Económico es la falta de claridad en las políticas monetaria y cambiaria, así como la aplicación a destiempo de las medidas a que hubiere lugar.

Aunque las autoridades del país y los voceros del socialismo democrático hagan referencia a cifras maravillosas que hacen aparecer a Honduras como un país que está sobre el sendero del desarrollo, la realidad es que la mayoría de la población está golpeada por el desempleo, la miseria, el letargo económico y la inexistente inversión nacional y extranjera; al fin y al cabo, toda una calamidad.

Ahora que Honduras está bajo la incertidumbre comercial que se ha derivado de la implantación de aranceles por parte del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nuestros gobernantes están obligados a establecer las acciones que corresponden para enfrentar los embates externos y las adversidades domésticas; entre éstas la caída del valor de la moneda, la inestabilidad de las reservas y otras flaquezas de la macroeconomía.  

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