En el corto plazo, la relación será de un alumno en clase por cada niño que está excluido del sistema. Otro dato que retrata nuestra calamidad educativa es el que señala que en los cinco años recientes dejaron de graduarse del nivel medio entre 50,000 y 65,000 estudiantes.
Actualmente tenemos una población de un millón 800,000 niños. Para recuperar los niveles anteriores a la pandemia, se necesitarían entre cuatro y cinco años.
No termina ahí. La calidad es el punto flaco del aparato educativo nacional, lo que se explica porque No ha habido una coordinación entre los niveles de enseñanza, la formación docente ha estado a la deriva, la vinculación de los actores No ha sido la mejor y el modelo está desgastado.
Si nos detenemos en lo que ocurre en el nivel superior, estamos muy lejos de ingresar en el desarrollo de la investigación y el aporte a la ciencia.
La mayoría de las universidades de Honduras se han dedicado a la docencia, a la impartición de clases y a cubrir currículos, pero No han destinado los suficientes fondos a proyectos de investigación.
El sector privado ha tenido muy poca incidencia. Y las universidades que han avanzado de manera notoria es porque tienen mejor capacidad de gestión de recursos para dedicarlos a la ciencia en busca de mejorar sus competencias y elevar su rigurosidad en la generación de conocimiento.
Hay que anotar, de la misma manera, que la iniciativa privada ha estado divorciada de la academia, pues para ellos es más barato comprar el conocimiento en lugar de generarlo en procesos de investigación, ensayo y error y experimentación.
Paradójicamente los valores hondureños que se han formado como científicos No están dedicados a esa labor especializada, sino a la docencia sin aporte a la producción de conocimientos.
En el caso de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, los recursos destinados para las tareas de investigación No son suficientes; aunque hay que reconocer que un número considerable de hondureños están involucrados en grupos de generación de conocimiento de instituciones reputadas del mundo.
Es posible que Honduras no aparezca como un país aportador de conocimiento, pero muchos nacionales figuran en los equipos de prestigio que llevan a cabo investigaciones para el progreso a nivel del planeta entero.
Nuestro sistema educativo, tanto en sus niveles básico y medio, como en su grado superior ocupan modestas posiciones entre los centros de mayor prestigio, rigor, desempeño académico y de investigación científica.
Nuestro país necesita invertir un mayor porcentaje de su Producto Interno Bruto en la educación, porque hasta ahora la generación de conocimiento no ha sido una prioridad para el desarrollo.

