Así estaba previsto que ocurriera. Para la administración gubernamental era apremiante “pasar la prueba” para acceder a recursos por el orden de más de 200 millones de dólares.
Aunque los miembros del Gabinete Económico lo negaron en todo tiempo, lo cierto es que la misión técnica del organismo de financiamiento externo había demorado la evaluación del acuerdo porque Honduras no había dado cumplimiento a condiciones determinadas, entre éstas el movimiento de la Tasa de Política Monetaria y el deslizamiento del lempira.
Bajo estas circunstancias, los responsables de dictar las políticas económicas, monetaria y cambiaria de nuestro país se vieron obligados a elevar en cien puntos básicos la Tasa de Política Monetaria y a depreciar la moneda nacional respecto al dólar.
Lo que hay que anotar es que el Gobierno ha sido inconsistente en su discurso y en las medidas de política adoptadas este año. Las autoridades mantuvieron los indicadores artificialmente y terminaron por ajustarlas y aplicarlas conforme a las condiciones trazadas por el Fondo Monetario Internacional.
Indistintamente de que el Gabinete Económico proclame con todo bullicio que la gestión Zelaya Castro se anotó un reconocimiento valioso y una victoria en la revisión del acuerdo monetario, hay que leer detenidamente y entender en su peso real el documento emitido al término de las reuniones técnicas que concluyeron la semana pasada.
En su declaración, la misión del Fondo Monetario Internacional expone que el Gobierno ha convenido en seguir moviendo la Tasa de Política Monetaria y deslizando el lempira.
En resumen, se viene encima un mayor encarecimiento de los préstamos y una fuerte presión inflacionaria, todo lo cual resulta fatídico en un momento de quiebre cuando la economía está postrada, las exportaciones han descendido en un promedio de cuatro por ciento y las reservas internacionales siguen a la baja, apenas para respaldar cuatro meses de importaciones.
Honduras mantiene una política fiscal caracterizada por una elevación constante en el gasto público y una subida en la presión tributaria. Nuestro plan de ingresos y egresos, cifrado en 430,907 millones de lempiras para el ejercicio 2025, sigue siendo un instrumento político y no una herramienta de planificación del desarrollo.
Nos queda, entonces, buscar las medidas más apropiadas para establecer un equilibrio entre la salud fiscal, la robustez de la economía, la inversión social productiva y el manejo eficiente del Presupuesto de la República.
Es la agenda que hay que tomar en consideración respecto a las condiciones colocadas sobre la mesa por el Fondo Monetario Internacional y que siempre nos colocan entre los ajustes macroeconómicos y los sacrificios sociales.

