Los hondureños estamos a las puertas de una aguda crisis alimentaria por la pérdida de cultivos y la merma de la población ganadera en las zonas con afectaciones por la tormenta Sara.
En Olancho, las pérdidas son cuantiosas. Dos mil manzanas de maíz preparadas para la cosecha de primera y mil manzanas del ciclo de postrera cayeron en menoscabo.
En el departamento de Colón, específicamente en el municipio de Santa Rosa de Aguán, más de mil manzanas de arroz fueron arrasadas, sin contar las cabezas de ganado que se toman como caídas por la tempestad que envolvió al país a finales de la semana anterior.
Y en Choloma, Cortés, mil manzanas de granos básicos están bajo agua, en tanto que los productores de la región sur también resienten los enormes daños sufridos por la estructura productiva.
El detrimento aún no ha sido cuantificado de manera preliminar en el resto de los territorios que recibieron el impacto del fenómeno atmosférico. Los productores estiman las pérdidas en ocho mil millones de lempiras a nivel nacional.
Es, sin duda, una catástrofe lo que ha ocurrido. El Gobierno debe acelerar su intervención para evaluar los daños, elaborar un plan de asistencia y poner en curso un programa de urgente reactivación, en sintonía con las demandas de los productores de todos los rubros.
Tal vez ahora que la fuerza de la naturaleza nos ha sumido de nuevo en la desgracia, después del paso de los meteoros Eta, Iota, y otros eventos hace algunos años, los funcionarios que proclaman la era de la refundación de Honduras vuelven sus ojos al campo.
El aparato productivo ha estado a la deriva, en abandono al capricho de la naturaleza y dejado a la mano de Dios, sin asistencia técnica ni crediticia.
Las labores agrícolas se han debilitado desde hace muchas décadas. En los cinco años recientes, la población dedicada al trabajo de la tierra ha disminuido en 300,000 personas.
Todo ello responde al por qué las actividades agroindustriales y de otras ramas vinculadas han caído y por qué las exportaciones muestran un descenso vertiginoso.
Así se explica también la relación deficitaria entre las importaciones anuales que necesitan 22,000 millones de dólares y la capacidad de Honduras para generar divisas, que es de apenas 13,000 millones de dólares.
Honduras tampoco produce los suficientes bienes de consumo para satisfacer las necesidades de la gente, lo que nos pone en riesgo de una profunda inseguridad alimentaria y de un incremento en los niveles de miseria.
La masa de pobres se puede incrementar en dos millones a 2025 si el sector productivo continúa a menor, sin la asistencia gubernamental de turno y bajo amenaza constante de los fenómenos climáticos.

