La moneda nacional llegará más temprano que tarde a 26 lempiras por cada dólar. Cuando alcance esa barrera, se habrá depreciado en un lempira con 10 centavos desde septiembre de 2024.
Desde esa fecha, el lempira cayó en una espiral forzada por las autoridades del Banco Central para cumplir con la principal condición impuesta por el Fondo Monetario Internacional a efecto de aprobar las primeras dos revisiones del acuerdo económico.
Aunque se han negado a reconocerlo, los funcionarios del Gabinete Económico le han dado un mal manejo a la política cambiaria y monetaria. Básicamente, han tomado a destiempo medidas de política que han tenido un fuerte impacto.
Los economistas y estudiosos de las finanzas comparten la opinión en el sentido que la depreciación de la moneda es un impuesto que golpea la economía de la población, de manera más despiadada a los sectores más pobres.
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El deslizamiento tiene diversas repercusiones. Hay que anotar, en principio, que la pérdida de valor del lempira le resta a la población su poder adquisitivo, pues -con la misma cantidad de lempiras- los consumidores compran menos productos y contratan servicios más limitados.
También se ve disminuido el valor real de los ahorros y, si esto no fuese poco, hace más pesada la deuda pública, dado que el Gobierno requiere de más fondos para cubrir el pago de sus obligaciones en dólares.
El debilitamiento de la moneda se ha acentuado para los efectos de fortalecer la posición de competitividad de Honduras y de recuperar y fortalecer las reservas internacionales que en la actual gestión se vinieron abajo en unos 1,400 millones de dólares.
Uno de los argumentos expuestos por quienes se oponen a un deslizamiento artificial y muy brusco de la moneda, es que no era necesario que el lempira entrara en esa tendencia; no a ese ritmo vertiginoso y sin que forme parte de una política fiscal consistente. Si no es así, lo que causa es incertidumbre.
En suma, los movimientos bruscos en la tasa de cambio del lempira respecto al dólar tienen que ser analizados desde todas y cada una de sus múltiples implicaciones.
Honduras debería de tomar en consideración las medidas adoptadas por países que han adoptado políticas para fortalecer sus monedas, diversificar sus rubros productivos y estimular su economía.
La fórmula para incentivar la actividad económica, la competencia comercial, conservar una buena posición externa y mantener la salud fiscal, está compuesta por un Estado de Derecho fuerte, una política tributaria sólida y una gestión administrativa simple y eficiente.
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