Las elecciones en Estados Unidos despertaron muchas expectativas, plantearon muchas interrogantes y dejaron también muchos temas que hay que desmenuzar para entenderlos en sus repercusiones.

Y es que Estados Unidos es nuestro mejor aliado, nuestro socio y el destino de más de más de un millón de hondureños que han emigrado en busca de mejores condiciones de vida.

Somos cada vez más dependiente de las remesas de los compatriotas que abandonaron su tierra para construir un futuro más promisorio.

Hasta el mes pasado, más de siete mil millones de dólares habían ingresado en apoyo a nuestra economía, una cifra que podría subir a 10,000 millones al término de este año. Si no fuera por este flujo de recursos, nuestras finanzas estuvieran en mayor desbalance.

Estados Unidos es, igualmente, el mercado de muchos de nuestros productos de exportación y el país de origen de una importante partida de la cooperación que Washington destina para el área.

No podemos negar esas verdades, aunque el Gobierno del Socialismo Democrático predique un doble discurso, revestido de una falsa defensa de la soberanía nacional frente a lo que los funcionarios hondureños han acusado como una injerencia de Estados Unidos en asuntos internos de Honduras. ¿Son las líneas de una tesis ideológica de izquierda, pero sin argumentos?

Independientemente de quién haya obtenido los votos mayoritarios del Colegio Electoral para llegar a la Casa Blanca, los temas de la economía, la migración y la seguridad nacional seguirán siendo los ejes de la política de Washington y los términos que condicionen las relaciones del norte con nuestros países.

Hay quienes, en sus razonamientos, concluyen que los vínculos entre algunos de nuestros países del área con Washington han sido una cuestión de “amor y odio” o quizás de extremos entre la derecha y la izquierda.

En lo que toca a nuestro país, debemos admitir que no ha habido un planteamiento de políticas de desarrollo. El debate ha girado alrededor de los golpes de Estado, de las dictaduras y de posturas gastadas como la del socialismo.

Bien sabemos que, si no hay unidad interna para replantear una posición coherente de Honduras ante Estados Unidos, no vamos a conseguir nada. No es posible lograr algo si no hay un plan de nación.

Principalmente, los hondureños demandamos que el Gobierno de turno cree condiciones de desarrollo para garantizar una vida digna. Esto es mantener una conducta lineal a favor de una visión de país que no les dé cabida a discursos hipócritas sobre la derecha o la izquierda; el neoliberalismo o el socialismo democrático.

Hay que darle una mirada a nuestra realidad interna sin dejar de lado que Estados Unidos es nuestro socio natural y nuestro aliado histórico, indistintamente de la visión económica, comercial, migratoria o política bajo la cual sean planteadas las relaciones con el Norte en el mundo cambiante de hoy.