No es simple el problema que encara Honduras en materia educativa. Es una verdadera tragedia que un millón 100 mil niños y jóvenes estén fuera del sistema.

También es una desventura que sólo en el período 2025 más de 45,500 estudiantes, el 2,47 por ciento de la matrícula inicial, hayan dejado de asistir a clases a nivel nacional, de conformidad con las cifras estadísticas oficiales.

La deserción escolar se ha convertido en un fenómeno más agudo desde la pandemia que nos sacudió en 2020 y que obligó a las autoridades de entonces a adoptar la modalidad de enseñanza virtual.

Entre 100,000 y 200,000 menores no regresaron al sistema. Lo peor es que la mayoría de ellos no retornaron a las aulas porque han perdido todo interés; sencillamente no quieren ir a la escuela.

La pérdida de esperanza en la educación como una herramienta para el desarrollo y para salir de la pobreza, ha hecho “mella” en la enseñanza-aprendizaje nacional.

Honduras tiene un sistema desarticulado que ha caído en los niveles más bajos de calidad, cobertura, equidad y competencias. No conocemos a ciencia cierta en qué grado está ubicado nuestro país desde que salió del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes PISA hace una década.

Suponemos que Honduras figura entre los países con las peores calificaciones si comparamos que los más recientes resultados de dicha valoración externa muestran un retroceso generalizado en lectura, ciencia, matemáticas y español en toda América Latina e incluso en Estados Unidos y en España.

Los fenómenos de la deserción, el bajo rendimiento de los alumnos, el pobre desempeño de los docentes y la desesperanza de los estudiantes crean un clima educativo “trágico”.

El país está perdiendo a sus jóvenes que prefieren irse en busca de oportunidades, preferentemente a Estados Unidos. Las consecuencias pueden ser catastróficas si no existe una intervención pronta para echar a andar una reforma de la educación.

El primer reto en el sector educación es, en resumen, hacer que los niños y los jóvenes regresen a las aulas y retenerlos en los centros escolares, mientras se echa a andar una política que incluya a todos los actores del sistema.

La meta trazada en los más recientes períodos escolares ha apuntado a una matrícula de más de dos millones de niños y adolescentes, pero únicamente se ha logrado un registro de un millón 200,000 niños. ¿Dónde están los otros 200,000 alumnos?

Honduras está ante el enorme desafío de regresar la población estudiantil a las aulas que han abandonado e impulsar una estrategia que permita que la educación vuelva a tener valor para nuestros niños y jóvenes.

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