Nuestro país está a la zaga en la cobertura de los servicios sanitarios y de seguridad social. Mientras en Guatemala es de 18 por ciento, en El Salvador alcanza el 32 por ciento y en Costa Rica roza el 87 por ciento, el más alto del área centroamericana.

Las penurias de nuestra población llegan a mayores. El Instituto Hondureño de Seguridad Social fue objeto de la más oprobiosa intervención de los corruptos. Se convirtió en un cadáver. En una década, el número de afiliados directos ha disminuido en siete por ciento.

¡Qué indefensión en la que se encuentra la población! Hace dos años, los hondureños recibieron siete millones de atenciones menos en los hospitales estales que cada vez pierden su capacidad de brindar los servicios elementales a la población enferma.

De los siete millones de hondureños que dependen del sistema de salud pública, el 60 por ciento no reciben sus medicamentos o son dispensados de manera incompleta, en tanto la mora quirúrgica se ha movido entre los siete mil y los 20,000 pacientes y la proporción de médicos es cuatro veces menor que el promedio regional.  

Justo el viernes, en su discurso de asunción al poder por un segundo período, el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, puso de relieve que la masa cobijada por los programas de protección social se incrementó en 2.4 millones de personas.

Cincuenta y cuatro hospitales y 583 centros de atención primaria fueron abiertos, en tanto que para 2025 está previsto que se pongan en funcionamiento tres nuevos establecimientos especializados en traumatología.

¡Qué pena y qué desgracia lo que ocurre en nuestro país! Porque, en general, los hondureños más necesitados no tienen esperanza de recibir una atención humanitaria, solidaria y de calidad en el sistema asistencial público.

Nuestro aparato de salud siempre ha estado en podredumbre. Lo deplorable es que continúe en coma y que no tenga posibilidades de entrar en su fase de recuperación.

¿Qué políticas han puesto en marcha los otros países de América Latina y qué acciones han marcado la diferencia, a efecto de mejorar las condiciones de protección social de su población?

¿Por qué en Honduras, en cambio, se ha escrito la historia de corrupción y negligencia en la gestión del sistema sanitario y de seguridad social en menoscabo de su población?

Lisa y llanamente por la politización en el nombramiento de las plazas, la alimentación de una mafia en los procesos de licitación de medicamentos y equipo; además, por la incapacidad y la falta de visión de las autoridades frente al derecho inviolable de la población a la salud.