La corrupción es quizás la plaga más letal de cuantos males nos afectan, porque es la raíz de la degradación moral de la sociedad y del debilitamiento de la institucionalidad del país.

Lamentablemente, en nuestro país "los corruptos persiguen a los corruptos y se protegen entre ellos mismos". ¿Cómo podemos esperar, entonces, que se ponga fin a la impunidad?

Es una de las causas primarias de la pobreza, el estancamiento económico, la inseguridad jurídica, la ruindad política y la bajeza de los gobiernos.

A propósito de estas reflexiones, justo ha salido a luz pública un informe confidencial de un equipo de expertos de la ONU que concluye que Honduras sólo ha cumplido una de las 26 medidas mínimas establecidas para la instalación de la CICIH.

El Gobierno se ha amparado en justificaciones que no son creíbles ni entre los mismos funcionarios y dirigentes de Libre. Juran que es un compromiso de la presidente Xiomara Castro y que hay que luchar para que el mecanismo de la ONU por fin sea establecido.

La corrupción sigue siendo un flagelo que corroe la actividad tanto pública como privada del país, cuyos representantes han entrado en componendas para dilapidar los recursos del Estado y destruir el patrimonio de la población.

En la historia de la corrupción que ha carcomido nuestra sociedad se enumeran una extensa lista de expedientes que corresponden a distintas administraciones gubernamentales y que van desde la quiebra de instituciones bancarias hasta la apropiación de bienes públicos y el despilfarro de capitales orientados a iniciativas de proyección social.

De ahí que nuestro país sea calificado como uno de los más corruptos del continente. Los 167 casos investigados por el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) son correspondientes con un perjuicio económico de más de 11,300 millones de lempiras. Apenas 31 expedientes han sido judicializados y 131 permanecen en la impunidad.

La corrupción es un obstáculo que debe ser vencido en aras de lograr altos grados de prosperidad. Necesitamos fortalecer una acción ciudadana que permita una persecución implacable de los corruptos y una recta impartición de las leyes, no una defensa de los deshonestos que se burlan de la justicia y del pueblo.

Los corruptos han secuestrado el poder y boicoteado todo intento de adecentar los organismos encargados de perseguir el delito, ejercer la acción penal y hacer cumplir las leyes.

Y lo que es peor, son personajes que se han entrado en peligrosas alianzas con peligrosas redes delictivas y que han convertido al país en lo que muchos llaman 'narcoEstado'.

Todos los sectores deben asumir un sincero compromiso de luchar contra este mal que lacera el sistema democrático en tanto se refiere al mal uso del poder para conseguir una ventaja ilegítima generalmente secreta y privada en perjuicio de todo un conglomerado.