En 2023, según datos del Cohep, la fuerza de trabajo de Honduras se redujo en 96 mil 627 personas, en comparación con el 2022. En la actualidad, más de 2.3 millones de hondureños tienen problemas de empleo, sin incluir los desocupados, los desalentados y los potencialmente activos. El acuciante fenómeno del desempleo, dramáticamente expuesto en las cifras anteriores. La falta de trabajo que golpea a unos tres millones 300 mil hondureños, y a cerca de tres millones de personas en edad de trabajar, que viven bajo el parámetro de inestabilidad laboral. Más del 44 por ciento de la población económicamente activa no tiene un empleo, y ocho de cada diez compatriotas que apenas subsisten en el sector informal. Un grave problema, económico y social, y que aún con sus monumentales consecuencias, no logra hacer reaccionar a la institucionalidad gobernante de turno. Mientras en 2023, la tasa de desempleo de Costa Rica descendió a su nivel más bajo en los últimos 13 años, en Honduras, el Congreso Nacional siguió por un año más, engavetando el proyecto de ley presentado por el Partido Liberal, que sustituiría a la derogada Ley de Empleo por Hora, que echó a la calle a unos 60 mil jóvenes contratados bajo dicha modalidad laboral. El desempleo detona una bomba de problemas que impactan fuertemente el tejido social del país. Decisiones como las que el oficialismo en el Congreso Nacional tomó al derogar la Ley de Empleo por Hora, no solamente golpean a los que menos tienen, a los más necesitados de un trabajo para sobrevivir, sino al tejido social en su conjunto. Mientras la economía guatemalteca es robustecida por 23 mil 500 empresas formales, generadoras de cientos de miles de empleos en el hermano país, en Honduras, la falta de incentivos, la escasa promoción a los emprendimientos, el desenfoque de prioridades en la institucionalidad gobernante, obligó el año pasado, a que unas 10 mil empresas cerraran o se pasaran a la informalidad. Y eso seguirá siendo así mientras aquí no se generen las condiciones e incentivos que atraen la inversión y mantienen pujantes los emprendimientos. Con una tasa de desempleo que en el año precedente cerró en 8,6 por ciento, la segunda más alta de Centroamérica, Honduras tiene en dificultades para conseguir un trabajo a casi un millón de jóvenes entre los 15 y 29 años de edad. La cifra de los desalentados subió el año pasado a más de 150 mil y en el Congreso Nacional, la bancada oficialista en contubernio con el Poder Ejecutivo, tienen listo para aprobación la denominada Ley de Justicia Tributaria a través de la cual, según el sector privado, proponen eliminar regímenes especiales que además de traer inversión extranjera al país, generaron cientos de miles de empleos. No han entendido que el crecimiento económico, y, sobre todo, el bienestar colectivo, se cimenta sobre la base de estrategias y políticas públicas, y que el componente del empleo es toral para que la población enfrente con mejores armas, la pobreza y la desesperanza. A los del gobierno les es prohibido olvidar que la priorización del empleo masivo tiene que ser la hoja de ruta a través de la definición de una agenda clara y agresiva para revertir los indicadores y frenar la escalada de desempleo. Honduras no podrá crecer de otra forma si no es generando puestos de trabajo que ayuden a reducir la pobreza y mejoren los ingresos de los 6 de cada 10 hogares hondureños que continúan viviendo bajo condiciones de pobreza.