Nos acercamos al día de los comicios internos y primarios. Los hondureños elegirán a los candidatos a los cargos de presidente, diputados y alcaldes por los partidos Liberal, Nacional y Libertad y Refundación (Libre). El camino hacia dicha consulta ha sido espinoso y ha estado contaminado por las turbulentas manifestaciones de violencia política que no contribuyen en nada a abordar con sabiduría la crisis sin precedentes que enfrenta nuestro país. Y es que Honduras está influenciada por una clase política ayuna de líderes que estén a la altura de estadistas que puedan conducir los destinos del país. Nuestra democracia no se fortalece así, porque la conflictividad entre los líderes, dirigentes y simpatizantes de los partidos políticos es alimentada para mantener el caos, desestabilizar las instituciones y polarizar aún más la familia hondureña. Los personajes que buscan hacerse con el poder no han variado en sus mensajes. Aunque en sus discursos se declaran a favor de un pacto de no violencia, en el fondo no quieren dejar sus pugnas encarnizadas. El oficialismo que, a decir de muchos sectores, pretende quedarse en el poder, ha intensificado su campaña dirigida a alertar al pueblo hondureño sobre la presunta estrategia de la oposición de llevar a Honduras a la “narcodictadura”, hacer que prevalezca la ultraderecha, afianzar los grupos de poder económico, usurpar el poder del pueblo y excluir a los pobres. El eje de la oposición, por su lado, se ha planteado como su gran comisión sacar a los personajes que marcan ideológicamente al país, que conducen a Honduras a romper relaciones con sus aliados históricos y que guían al país al comunismo. Desde su particular visión, es un tema de país y no un asunto de conveniencias personales o partidistas. Honduras urge que los principales líderes políticos suscriban un acuerdo de no agresión . La justificación es una: No es posible que los hondureños sigamos confrontados en un ambiente electoral cada vez más caldeado. Este panorama hostil que ha dominado todo el proceso electoral no es correspondiente con el anhelo de la mayoría de la población de tener oportunidades de una vida digna. Hacemos votos para que los políticos asuman, de una vez por todas, su deber de sepultar las absurdas confrontaciones y de privilegiar los debates sobre la crisis nacional, avanzar en la construcción de un plan de país y apoyar las alianzas, toda vez que éstas profundicen la democracia hondureña. Porque la apuesta de la mayoría de nuestros políticos es “suicida” si no se produce un adecentamiento en sus acciones, una renovación de su discurso y una limpieza de su agenda pensada para Honduras. ¿Está en peligro la estabilidad democrática? ¿Son capaces todavía los partidos políticos de establecer consensos en medio de la crisis que sufrimos los hondureños?