La división se ha profundizado y las heridas de la peor crisis política sufrida por los hondureños en 2009 están abiertas. Nuestros líderes se han encargado de atizar la confrontación y de crear más conflictos.
La semana recién pasada se definió el orden de precedencia en los organismos electorales, después de forcejeos y negociaciones que se habían fraguado en el primer trimestre de este año y cuyo objetivo era asegurar que los representantes del partido en el poder ejercieran dominio en las entidades que rectoran los procesos comiciales.
Hay que apuntar que el nombramiento del cargo de la presidencia en los entes electorales, que el oficialismo ha denunciado es el producto de “una colusión del bipartidismo”, no garantiza la transparencia ni la legitimidad de la consulta democrática de 2025.
La Coordinación de Libertad y Refundación ha tejido un discurso basado en la “inverosímil” tesis de que las fuerzas de derecha se han reunificado para poner en marcha un fraude electoral y un golpe de Estado.
La socorrida narrativa de la conspiración que sólo está en la mente de los “refundadores de Honduras” se ha propagado al calor de la obcecación ideológica y del odio.
¿No será, acaso, que los caudillos de la izquierda y del socialismo democrático han activado la estrategia de un “autogolpe” para afianzarse en el poder?
Esto es lo que podría deducirse de la línea de tiempo que parece haber trazado Libre en cuanto a la correlación de las fuerzas político-institucionales.
Es indudable que lo que menos importa es rescatar la confianza de la población en las instituciones partidarias, robustecer la democracia y sacar de su agotamiento al Estado de derecho.
En tiempos de mayor contaminación de la política, la justicia es desplazada por la impunidad, como lo pone en evidencia la denuncia del tratado de extradición a Estados Unidos de los personajes ligados con la corrupción y la criminalidad.
La incertidumbre y la zozobra se imponen a la paz y la tranquilidad que reclamamos la inmensa mayoría de los buenos hijos de este país que se hace jirones.
¿Está en marcha la refundación de la patria? ¿Nunca más los golpes de Estado ni la narcodictadura corrupta de JOH? ¿Es la sangre de los mártires la que llevará a Libre a “ir por más” y a obtener la victoria sobre el bipartidismo y sobre los inescrupulosos que desprecian a los pobres?
Son líneas del más puro discurso populista que hemos escuchado de la propia voz de la presidente Xiomara Castro. Pero los hondureños rechazamos el sectarismo; exigimos el imperio de las leyes, la alternancia en el poder y la rigurosa obediencia a los principios de la gobernabilidad y de la democracia.

