Las finanzas nacionales podrían entrar en un mayor desequilibrio por el conflicto en el oriente próximo y sus imprevisibles efectos en el mercado del petróleo.

Los aumentos en serie en el precio de los combustibles que ya suman ocho lempiras por galón, vienen a ejercer mayor presión, a la vez que generan nerviosismo económico y amenazan con estremecer el costo de vida.

Por siete semanas consecutivas, los derivados del crudo han sufrido importantes incrementos que tienen efectos sobre la inflación, el valor de los servicios públicos y la factura petrolera.

Traemos a memoria que durante el Gobierno pasado se adoptó la medida de subsidiar los precios de los combustibles para menguar las réplicas del convulsivo mercado petrolero internacional.

Si bien el esquema de las subvenciones trae consigo un alivio sobre el aumento en el costo de los derivados del petróleo, éste es temporal.

Sus efectos son de corto plazo. Ha sido una opción a la que se han  aferrado los distintos gobiernos del país, a la espera de que pasen los tiempos de crisis geopolítica que trastornan la comercialización del crudo.

Los subsidios al costo de los energéticos no han sido enfocados de manera eficiente y su sacrificio fiscal, estimado en ocho mil millones de lempiras al año, ha sido muy elevado.

En HRN, La Voz de Honduras, hemos insistido en la necesidad de trazar una ruta ordenada cuando se trata de dar respuesta a coyunturas como la que se presenta hoy día.

Las autoridades deben tomar las previsiones en tiempo oportuno frente a la eventualidad económica que sacude no sólo a Honduras, sino al mundo entero.

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En aumento el precios de los derivados del petróleo

Honduras tiene que contar con un plan de contingencia que incluya la disminución de los impuestos a los derivados del petróleo, o al menos su revisión, la puesta en marcha de medidas de ahorro, la importación de refinados de mercados alternos e iniciativas complementarias que en otros países se han tomado de manera pertinente.

Las autoridades de nuestro país en diversas administraciones, siempre han reaccionado muy lentamente y actuado sobre la marcha, sin una línea estratégica que nos indique cómo serán manejadas las crisis petroleras.

El encarecimiento de los derivados del petróleo, nos pone frente a una situación apremiante porque empuja una espiral inflacionaria y golpea las condiciones sociales de los grupos marginados.

Hay que adoptar disposiciones convenientes y muy razonadas. Sigue siendo una urgencia el diseño de una estrategia de reacción a las confrontaciones geopolíticas y religiosas como la que está en desarrollo, cuya duración, impacto y repercusiones, aún son insospechadas.

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