El proyecto de construcción de una cárcel de máxima seguridad en las Islas del Cisne es una evidencia de cómo el gobierno actúa con empecinamiento político en el abordaje de algunos temas sensibles para el país.

La edificación de un megareclusorio en un área distante de tierra firme nació como un planteamiento fallido; sin embargo, la administración que se propone “refundar” Honduras mantuvo fija esa idea hasta el final.

Y no fue sino hasta que se dio por fracasado el proceso de licitación en tres ocasiones que las autoridades anunciaron la cancelación del proyecto pensado para albergar a unos dos mil privados de libertad.

¿Por qué no fueron puestos antes en una balanza las ventajas y los puntos en contra de dicha obra, en vez de que prevaleciera la obstinación de los políticos en el poder?

La cuestión de fondo es que en nuestro país están invertidas las prioridades. Los temas esenciales para el desarrollo de nuestra Honduras y para responder a las demandas de la gente son dejados de lado; no están en la agenda gubernamental.

El truncado proyecto de la megacárcel requería un financiamiento de tres mil millones de lempiras para su construcción y cinco mil millones de lempiras anuales más para su mantenimiento.

¿Por qué razón, entonces, no hay fondos para ser invertidos en la infraestructura sanitaria? El 78 por ciento de los hospitales del sector público se encuentra en pésimas condiciones.

Treinta y dos hospitales tienen edificaciones “obsoletas y caducadas” que en promedio datan de entre 50 y 80 años desde su construcción, según consignaba un informe del Consejo Nacional Anticorrupción de hace dos años. De entonces a la fecha, esa condición sigue invariable o peor.

Y si pasamos una apretada revisión a nuestra desgracia educativa, es obligado que pongamos de manifiesto que, hasta el año pasado, se contabilizaban 13,000 escuelas con paredes dañadas, techos colapsados y pisos hundidos o destruidos.

En las asignaturas económica y financiera, tendríamos que llamar la atención sobre la desaceleración del Producto Interno Bruto (PIB), la salida de capital, el retroceso de nuestras exportaciones, el deslizamiento de la moneda y la pérdida de las reservas internacionales.

Nuestros gobernantes de ayer y de hoy han invertido las prioridades o nos han mantenido entretenidos en discusiones estériles, en asuntos político-ideológicos, en espectáculos “circenses” y en proyectos “caprichosos” y “aventurados”.

Los verdaderos problemas del país no son atendidos con oportunidad ni compromiso. Nuestras autoridades nos mantienen dando vueltas alrededor de escándalos, de reacciones o de especulaciones, pero no adoptan respuestas determinantes a nuestras dificultades.

¿Cuándo vamos a dejar de colocar parches y de gravitar sobre la periferia en lugar de ocuparnos de los asuntos capitales; vale decir, de nuestras verdaderas prioridades? Todo sea por el bien de todos los que anhelamos construir esperanza, riqueza y prosperidad en Honduras.