La crisis de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica afecta a toda Honduras. Dispara los costos de producción, ralentiza la operatividad de las empresas y emprendimientos, frena la inversión extranjera, y desvía recursos vitales y esenciales de áreas como la salud y la educación.
Y como si eso no fuese poca cosa, el agujero fiscal que han abierto las pérdidas técnicas y operativas, cercanas al 40 por ciento, carga sobre el 'lomo' de los hondureños que pagamos impuestos, un déficit acumulado que se tiene que cubrir precisamente con los tributos de nosotros.
Después vienen otras consecuencias cuyo impacto no es menor. Con la deuda de la ENEE se podrían construir 187 escuelas y 2 hospitales bien equipados.
El impacto social, entonces, es de grandes proporciones. Estamos perdiendo demasiado dinero que no se invierte en salud, educación, infraestructura y represas, decía el presidente Asfura al remitir al Congreso Nacional el proyecto de reformas energéticas que no se ha aprobado aún por las dilatorias que, como 'tecolillas' y hasta por complots políticos, las bancadas de oposición no han empujado en la Cámara Legislativa.
Un informe presentado ayer por el Observatorio Demográfico de la Universidad Nacional a través de HRN resaltaba que sólo 1 de cada 10 jóvenes logra tener acceso a la educación superior por los limitados ingresos económicos y la poca disponibilidad de recursos financieros para costear los estudios superiores.
La ENEE pierde mil 200 millones de lempiras mensuales que bien podrían ser redestinados, en otras circunstancias, a un renglón esencial como el financiamiento a jóvenes de escasos recursos, becas estudiantiles, o a la construcción de más aulas escolares.
La organización no gubernamental ASJ asegura que con los 544 lempiras que la estatal eléctrica pierde cada segundo, se pudieron haber construido casi 43 mil aulas de clases, la infraestructura completa de unas 100 escuelas a nivel nacional.
De ahí la insistencia para que no se le siga dando más vueltas al proyecto de las reformas energéticas, por culpa de las dilatorias que las bancadas de oposición en el Congreso han estado fraguando.
Honduras ha venido arrastrando durante unas dos décadas, un modelo energético desequilibrado, financieramente débil y dependiente de una serie de medidas de subsidios desenfocados, alto endeudamiento y contratos leoninos que no hicieron más que agravar el problema.
El sector empresarial, uno de los afectados por los apagones y por el servicio deficiente, ha venido alertando sobre el impacto en el desarrollo económico y la creación de nuevos empleos, que los cortes de energía y las variaciones de voltaje provocan.
¿Qué sentido en cuanto a fundamentos técnicos tenía la posición de última hora que asumió la bancada Liberal, pidiendo tiempo para presentar una contrapropuesta al proyecto remitido por el Ejecutivo? El maltrecho estado de las líneas de transmisión urge reparaciones que no se pueden hacer por estas posiciones que, como complots de la clase política en oposición, frenan también la inversión pública y extranjera.
Se necesitan unos 9 mil millones de lempiras para reparar las líneas de transmisión, pero nada por ahora se puede hacer porque todo está parado, ya que la nueva visión energética que impulsa el gobierno de Asfura no calza con los intereses políticos y cálculos proselitistas de Libre y, aparentemente, también, de un sector del Partido Liberal en el Congreso.
Honduras necesita construir un nuevo modelo energético. Estemos claros en eso. El actual modelo es además de desequilibrado, insostenible.
Acaso es que los que ahora complotan contra las reformas energéticas, no se han dado cuenta que lo que está de por medio es un asunto de seguridad nacional y de necesidad ciudadana.
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