De nuevo los empresarios y los trabajadores están en un “estira y encoge” para definir el ajuste en el salario mínimo.
Los dirigentes obreros han advertido que no van a aceptar un incremento igual al índice inflacionario validado por el Banco Central. Los asalariados aspiran a que el incremento en sus ingresos sea de al menos 6.5 por ciento, con la idea de que cubra el valor de la canasta básica que ronda los 16,000 lempiras.
La extraordinaria coyuntura por la que atravesamos, a causa de la convulsión del mercado petrolero internacional y de la especulación en el terreno interno, nos lleva a reflexionar sobre varios puntos respecto a la generación de empleo, estructura de salarios y productividad.
En principio de cuentas, hay que considerar que Honduras enfrenta un marcado desequilibrio fiscal, una economía postrada y una población mayoritariamente pobre que, en un 78 por ciento se mueve en la informalidad.
Nuestro país está a la zaga en los renglones de la competitividad, producción y seguridad jurídica que son condiciones sin las que no es posible atraer inversión para crear empleos en escala masiva.
Otro de los puntos que se mueve en contra de la capacidad de promover la llegada de capital es que Honduras posee uno de los salarios mínimos más altos del área centroamericana, con una suma que ronda los 400 dólares mensuales, por encima de Guatemala, donde los trabajadores reciben unos 345 dólares; El Salvador, con una remuneración piso de 300 dólares y Nicaragua, cuyos obreros reciben 200 dólares.
Nuestros empresarios deben realizar gastos colaterales para proteger las fuentes de ingresos existentes; entre éstos vacaciones, décimo tercero y décimo cuarto mes de salario, preaviso, cesantía, seguridad social, bonos y cuenta de capitalización.

Los teóricos sostienen que “los buenos salarios se construyen, no se decretan”. Tendríamos, entonces, que deducir que no es oportuno un incremento salarial que esté fuera de nuestra nueva realidad.
Para mejorar los ingresos de los trabajadores en cualesquiera de las escalas y rubros, Honduras debería de aumentar su productividad. Si no es así, estaríamos frente a la destrucción del valor de los bienes generados y de la capacidad adquisitiva de la población.
Necesitamos volver a Honduras un terreno fértil para la inversión. Nuestro país requiere de un capital de 4,000 millones de dólares para dar a luz unos 70,000 puestos de trabajo.
Es imperioso que el Gobierno Central establezca un nuevo ordenamiento para impulsar la economía, sanear las finanzas y generar más riqueza, en tanto que el Poder Legislativo tiene la tarea pendiente de aprobar las leyes que sean pertinentes para multiplicar los trabajos como es el caso de la Ley del Empleo Parcial.
Y los empresarios y los trabajadores tienen el desafío de llegar a acuerdos y de establecer alianzas para alcanzar la productividad, la competitividad y el desarrollo de Honduras.
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