Hay varios dichos o máximas con profundos significados a los cuales les hemos restado valor, conforme las sociedades se vuelven menos solidarias, poco conscientes de su papel transformador y, en general, insensibles frente a lo que ocurre a su alrededor.

Una de estas verdades inobjetables es que “en la unidad está la fuerza y en la esperanza radica ese aliento necesario para vencer las dificultades”.  

En la Semana Mayor que ha comenzado, bien procede reflexionar sobre la necesidad de que en nuestro país busquemos el camino de la reconciliación, de la concordia y del entendimiento.

No son fáciles los tiempos que vivimos; antes bien, se imponen condiciones que deprimen el espíritu, que desalientan la voluntad y que hacen que desfallezca la esperanza.

Y en tanto se profundizan las adversidades y se engrandecen las amenazas, más parecen agudizarse las diferencias entre los distintos protagonistas de nuestra realidad social, económica y política.

Los médicos están confrontados con las autoridades de Salud en demanda de los salarios que no han sido pagados por varios meses, y los empresarios demandan mayores acciones para encarar las convulsiones que pueden desprenderse de la guerra comercial iniciada por el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump.

Por el mismo camino de las discrepancias están los miembros de la iniciativa privada que, en su mayoría, tienen la certeza de estar bajo amenazas de la actual gestión gubernamental como lo estuvieron en los pasados regímenes.

Los enfrentamientos entre los grupos ideológicos rivales permanecen en su tono más fuerte y las temerarias acusaciones entre los políticos es un común denominador.

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En fin, tenemos muchos frentes abiertos.  Algunos irreconciliables, otros coyunturales y no pocos fabricados o alimentados por intereses indeterminados o inconfesables.

A través de HRN No podemos menos que hacer fervorosos votos porque en esta Semana Santa, tiempo de reflexión, los hondureños nos involucremos en una cruzada por reencontrar el camino de la reconciliación, de la paz, de la tolerancia y de la compasión hacia nuestros semejantes.

Ciertamente es un imperativo recuperar la confianza en nuestro poder transformador, además de restaurar la esperanza y la fe en un futuro mejor. 

Sin duda, esta fuerza interna únicamente la podremos alcanzar si unimos nuestra voluntad, si encontramos los acuerdos dentro de la diversidad y si nos congregamos en un gran pacto por el bienestar de las mayorías y por la prosperidad de Honduras.

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