¡Tu voto es tu voz, no dejes que otros decidan por ti! El 30 de noviembre tenemos una nueva cita con las urnas; más todavía, estamos convidados a salvar nuestra democracia.

En HRN nos hemos hecho eco de esa exhortación que también es consecuente con el deber nuestro de expresar nuestra voluntad mayoritaria y legítima.

La participación masiva en las justas de este año es crucial para robustecer la democracia que languidece y rescatar las elecciones que están en riesgo por caprichos inaceptables y planes maquiavélicos de obtener el poder por la fuerza.

La sucesión de hechos que se ha presentado sólo confirma que hay una estrategia para mantener la crisis, poner en la cuerda floja las elecciones y desbaratar nuestra institucionalidad.

En el seno del Consejo Nacional Electoral, la relación entre las fuerzas políticas se ha vuelto insostenible. El organismo ha sido intervenido por la Fiscalía con el argumento de investigar la conspiración que se cierne sobre los comicios.

En el fondo, esta intromisión es parte de la estrategia encaminada a desmantelar el Consejo Nacional Electoral y debilitar el sistema democrático-participativo, uno de los cimientos del Estado de Derecho.

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Los ataques a la entidad que rectora los procesos electorales, el desfase del cronograma de la consulta, las jugadas en el Congreso Nacional y las maquinaciones que se gestan en el Poder Ejecutivo mantienen en convulsión el terreno político.

Hay un ambiente agresivo, una jornada comicial de alta confrontación y una pretensión de sembrar el miedo y de hacer fracasar todo un proceso que toma su vida en el poder popular.

Nuestros gobernantes no nos han dado el mejor ejemplo de vocación para buscar el entendimiento y la depuración de los políticos.

En las entrañas de nuestras instituciones políticas surgen las mayores diferencias, afloran más islas ideológicas y se multiplican los movimientos que van tras objetivos inconfesables que nos están empujando hacia una Honduras perdida.

Este fenómeno sucede al más alto nivel. Quizá estemos a punto de presenciar situaciones peores, en tanto nuestro pueblo se desgarra entre la discriminación social, la irracionalidad económica, la corrupción y la feroz criminalidad.

Necesitamos que la conciencia nacional sea sacudida hasta sus fibras y que los gobernantes salgan de su desidia y de su falta de compromiso con el país.

Los políticos tienen que reconocer el daño que la casi totalidad de ellos le han hecho y siguen causando a este país. Tienen que volverse por los fueros correctos. Porque el pueblo debe encontrar su destino al desarrollo, la verdad y la justicia. No saldremos nunca de estas arenas movedizas si los políticos no entienden que nuestro país se hace jirones por las ambiciones desmedidas, la intolerancia, la injustica, la demagogia, el populismo y el empecinamiento de unos pocos.

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