No bastó a las autoridades del sector energético haber incrementado la tarifa por consumo. Como es de dominio generalizado, se ha reducido a 15 días el plazo para hacer efectivo el pago de la factura.

Son groseros golpes al bolsillo de la población hondureña que ya está menguada en su capacidad para cubrir las principales necesidades y los compromisos de primer orden, debido a la inflación que se nos ha vencido encima con sus consecuencias sobre nuestra deprimida economía.

Por más que nos esforcemos, es difícil entender por qué se han tomado medidas por demás desafortunadas en tanto ponen contra las cuerdas a los hondureños asfixiados por el encarecimiento de los servicios y que ya no llegan a término de mes para financiar la canasta básica.

Ha sido una costumbre que, frente a la crisis financiera de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, las autoridades de turno echen mano de la medida más elemental, desconsiderada e impertinente de incrementar la factura de la ENEE. Es un castigo que luego es transferido a los abonados.

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Desbalance en los gastos

El desbalance entre los ingresos y los gastos de la institución ha ejercido un enorme peso sobre el fisco nacional con una alta presión sobre la deuda pública del país.

El saneamiento de las finanzas de la estatal eléctrica sigue siendo uno de los mayores desafíos de la hacienda. Y así lo han reconocido tanto los integrantes del Gabinete Económico como los personeros de organismos crediticios internacionales.

Uno de los escollos difíciles de superar es justamente la recuperación de las pérdidas de la empresa. En esa materia no ha habido avances. La empresa pierde 40 millones de lempiras diarios.

Son profundos los agujeros fiscales de la institución, a causa de las pérdidas y de las fallas en los procesos de distribución, mantenimiento y comercialización de energía eléctrica.

Gestión de la estatal

La estatal de energía ha ido de traspiés en tropezones en su operatividad y gestión administrativa, como consecuencia de las draconianas negociaciones de los contratos de licitación y, en fin, de maquinaciones de algunos políticos en sociedad con ciertos empresarios.

Son más dudas que certezas las que predominan acerca de la vida de mediano y largo plazo de la moribunda Empresa Nacional de Energía Eléctrica.

El factor más sensible y el que afecta mayormente a la población es la evidente inequidad en la calidad del servicio y en los métodos de facturación por el suministro de un servicio mediocre y costoso; encima, los “apagones” o interrupciones en el fluido eléctrico siguen siendo una amenaza de alto riesgo.

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Las debilidades del sector energético son varias. Y en tanto no sean saneadas, Honduras no podrá salir del circuito cerrado en que se encuentra, mucho menos contar con un aparato de energía eléctrica capaz de empujar la transformación del país.