En Manaus, capital del estado brasileño de Amazonas, un niño de seis años murió en un hospital luego de recibir una dosis incorrecta de adrenalina.

El menor ingresó con un cuadro de laringitis que requería la administración del fármaco por nebulización, previamente diluido.

Sin embargo, el personal médico le aplicó adrenalina directamente en la vena, una vía reservada solo para situaciones críticas y bajo estrictos controles.

La investigación reveló que al niño le inyectaron tres mililitros de adrenalina pura en tres ocasiones por vía endovenosa. Se trata de una sustancia de acción inmediata que, en dosis inadecuadas, puede provocar efectos letales.

El error en la vía de administración y en la dosificación resultó determinante en el desenlace fatal.

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Caso de niña en Kazajistán

Un caso similar de negligencia médica ocurrió en Kazajistán, en Asia Central, donde una niña de cuatro años murió tras ser anestesiada en un consultorio dental privado.

El odontólogo decidió tratarle los 18 dientes en una sola sesión, una intervención de alto riesgo para una paciente de esa edad. Los padres nunca autorizaron un procedimiento de tal magnitud.

Según relató el padre a medios locales, el acuerdo inicial contemplaba intervenir entre nueve y once dientes como máximo, un límite considerado seguro para una menor. La decisión unilateral del profesional derivó en una anestesia prolongada que la niña no logró superar.

La tragedia generó una fuerte indignación social y abrió un debate nacional sobre la negligencia médica y la falta de controles en clínicas privadas.

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