Es incierto el rumbo que lleva Honduras. Ciertamente, no se sabe hacia dónde va el país que ahora está estremecido por el escándalo que envuelve a miembros de la familia presidencial, las denuncias sobre los supuestos intentos de asestar un golpe de Estado.
Honduras, un país empobrecido y con indicadores que le colocan como uno de los más rezagados del área, está polarizado. El régimen Zelaya Rosales-Castro Sarmiento ha creado la narrativa alrededor de la presunta finalidad de las fuerzas de derecha de desestabilizar el orden institucional.
En sus actos públicos de ayer, la presidente Xiomara Castro ha pronunciado el mismo discurso que parece aprendido como un guion: “estamos haciendo un esfuerzo para desarticular el golpe de Estado que están fraguando”
Nadie puede negar que Manuel Zelaya Rosales escribió la historia de la mano del pueblo, ha clamado la mandataria tras reafirmar un aparente repudio a las sociedades entre los políticos y los traficantes de drogas, en alusión al “narcovideo” en el que aparece el exsecretario del Poder Legislativo, Carlos Zelaya Rosales.
Honduras se tambalea entre dos corrientes. Por un lado, el Gobierno insiste en que se han reactivado las agrupaciones que en 2009 provocaron la salida de Zelaya Rosales del poder.
De otra parte, organismos de la sociedad civil, académicos y politólogos han advertido que la estrategia de Libre es propinar un “autogolpe” para mantenerse en la conducción de los destinos de Honduras.
La presidente Castro quiere llevar a Honduras por el camino del narcoterrorismo socialista. El país es ahora un Estado paria, condenó el congresista de Estados Unidos, Carlos Giménez.
En Honduras no debe haber “medias tintas”: o se está con el Gobierno o con el país, sentenció -en esa misma línea- el exjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Romeo Vásquez Velásquez.
El país está hundido en la incertidumbre y en la inestabilidad. No se sabe qué consecuencias traerá el escándalo de los narcovideos, advirtió -asimismo- el analista Lester Ramírez.
Libertad y Refundación tiene en vigencia una narrativa con la que espera contrarrestar la falta de legitimidad y apoyo popular han revelado politólogos al mismo tiempo que han alertado la falta de condiciones para una alternancia en el poder.
Desde el punto de vista de quienes interpretan entre líneas la crisis que vive el país, son tres las condiciones necesarias para retornar a la tranquilidad en el país: separar a los involucrados en la trama de la narcopolítica, dar marcha atrás a la denuncia de tratado de extradición y asegurar que las elecciones sean transparentes.
La percepción es que el país está tocando fondo, mientras se consolida la narcopolítica y toman cuerpo los fantasmas de las dictaduras, los golpes y los autogolpes.

