En Honduras, en el lapso de menos de tres semanas, se repitió una tragedia familiar: dos jóvenes, ambos diagnosticados con supuestos trastornos mentales, acabaron con la vida de sus progenitores. Aunque sucedieron en lugares distintos, expertos señalan que sus comportamientos muestran fuertes similitudes.
Kelvin Mauricio Amador Zelaya, de 34 años, originario de Reitoca, Francisco Morazán, asesinó a su padre, Marcial Amador Barahona (92 años), mientras dormía.
El hecho ocurrió en la madrugada del 3 de agosto, y para ese entonces Kelvin ya había recibido atención en el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza. La policía lo detuvo en el mismo sitio tras el ataque con un garrote.
Por su parte, Joel Alexander Zelaya, de 24 años, en El Paraíso, acabó con la vida de sus dos padres y también de su sobrino, menor de edad. Todo se desarrolló en horas de la madrugada del 25 de julio: sin mediar razones aparentes, atacó a su familia con un objeto contundente mientras dormían.

Las señales de Kelvin y Joel
De acuerdo al Ministerio Público, en ambos casos, testigos y familiares revelaron que los agresores mostraban conductas atípicas y signos evidentes de desequilibrio mental, factores que se han convertido en elementos centrales dentro de las investigaciones en curso.
Testigos coincidieron en un patrón inquietante: algunos de los involucrados parecían actuar como si estuvieran medicados, con una calma inusual, casi mecánica, mientras otros pasaban rápidamente a explosiones de violencia verbal o física sin razón aparente.
Esa mezcla de aparente sedación y estallidos agresivos generó temor entre los familiares rodeaban, pues no sabían con qué actitud reaccionarían en los siguientes segundos.
En el caso de Joel Alexander, el joven permanecía medicado y sus padres preferían ir a dormir donde otra de sus hijas, para evitar algunas de sus conductas, según comentó un familiar.
La Fiscalía de Honduras ha informado que estos asesinatos están siendo analizados con atención, considerando el perfil psiquiátrico de los acusados.
Por el momento, ya se encuentran detenidos y se evalúa su responsabilidad penal a la luz de su estado psicológico. Para Joel Alexander un juez le dictó prisión preventiva.
Conductas que deben vigilarse
Psicólogos en Honduras advierten que casos de parricidio no ocurren de forma repentina, sino que suelen estar precedidos por señales de deterioro emocional, rupturas en la comunicación familiar y una acumulación de tensiones no resueltas.
- Aislamiento progresivo
- Actitudes frías y apáticas
- Cambios repentinos de humor
- Falta de empatía
- Interés por el dinero o propiedades familiares
- Comentarios amenazantes o extraños
- Planificación del acto: Indicios de que el crimen fue premeditado, no impulsivo.
- Conducta calculadora tras el hecho: Intentaron encubrir el crimen o desviar sospechas.
¿Cómo se penaliza el parricidio en Honduras?
El parricidio está tipificado en el Artículo 126 del Código Penal como: “El que mata a su ascendiente, descendiente o adoptante con conocimiento de tal relación, incurrirá en reclusión de veinte (20) a veinticinco (25) años.”
Posibles agravantes (que podrían aumentar la pena):
- Saña o brutalidad extrema.
- Previa planificación.
- Si la víctima es una persona vulnerable (por edad, discapacidad, etc.).
- Si coexisten otros delitos como robo, violación o tortura.
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