Al final, ni plan de rescate ni mucho menos recuperación, puro cuento chino. En el primer semestre de 2025, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) reportaba pérdidas operativas superiores a los 3,900 millones de lempiras, mientras que el déficit acumulado al mes de junio ya sobrepasaba los 87,000 millones de lempiras.

A estas alturas, cuando a la actual administración del Partido Libre le quedan pocos meses de gestión, las acciones y medidas que se dejaron de tomar terminaron de hundir aún más a la estatal eléctrica en la más completa oscuridad financiera y operativa.

La ENEE y el 'cuento chino'

Las pérdidas operativas registraron un incremento interanual de casi 70 millones de lempiras, mientras sus autoridades siguieron recurriendo al endeudamiento para cubrir el desbocado déficit operativo.

La estatal eléctrica cerró el último año fiscal con pérdidas superiores a los 5,700 millones de lempiras, y los expertos proyectan que, al cierre de este año, la diferencia entre ingresos y egresos superará los 6,000 millones de lempiras.

Un desbalance financiero y operativo que, a esta altura, proyecta una casi imposible recuperación.

A falta de acciones profundas y estructurales, el déficit operativo de la ENEE más bien creció en los últimos cuatro años, aumentando los egresos respecto a los ingresos.

Cifras e indicadores que, sin embargo, no hicieron reaccionar a los tomadores de decisiones. ¿Por qué no se hicieron los cambios y por qué no se actuó, a pesar de que la estatal eléctrica no dejaba de operar con pérdidas técnicas y no técnicas, y la operatividad en rojo se convertía en una amenaza a la soberanía energética nacional?

Y mientras se volvía más previsible el riesgo de que también terminara de colapsar el sistema de transmisión y distribución, en el Congreso Nacional solo se limitaron, en estos años, a aprobar la colocación de bonos soberanos, es decir, a endeudarse más, complementando las medidas “apaga fuegos” con un préstamo puente de 100 millones de dólares otorgado por un banco nacional.

La administración Castro/Zelaya no fue ni siquiera capaz de socializar y delinear una estrategia consistente para reflotar financieramente y redireccionar la operatividad de la Empresa Nacional.

En el aire y en el limbo —electrocutados como los usuarios con las altas tarifas— quedaron las medidas no tomadas: la inversión en la red de distribución para reducir las pérdidas, la gestión de pasivos, los pagos a proveedores privados de energía y la constitución de reservas de liquidez.

Y mientras las consecuencias de los cortocircuitos administrativos que han sumido en la oscuridad operativa y financiera a la Empresa Nacional de Energía Eléctrica nos siguen pasando factura, lo que necesitamos como país y como usuarios del vital servicio es que se resuelva el problema financiero y operativo de la estatal eléctrica, para que por fin Honduras pueda tener un sector eléctrico eficiente, sostenible y competitivo.

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