En el marco de su 82º aniversario del natalicio, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez ofreció este domingo una emotiva homilía dominical en la Basílica Menor de Suyapa, en la que reflexionó sobre el papel esencial de la familia en la sociedad, al tiempo que recordó el valor de la Sagrada Familia como ejemplo a seguir para las familias hondureñas.
El purpurado, durante la celebración de la Eucaristía en la que la Iglesia Católica conmemora a la Sagrada Familia, hizo un llamado a la reflexión sobre las amenazas que, según él, enfrentan las estructuras familiares en la actualidad.
En su mensaje, advirtió sobre el riesgo que las ideologías, especialmente la ideología de género, representan para la familia tradicional.
"No permitamos que se destruya la familia. Las ideologías pueden destruirla, especialmente esa perniciosa ideología de género", expresó el cardenal Rodríguez.
Además, en su homilía dominical, subrayó que el modelo a seguir debe ser la Sagrada Familia de Nazaret, un ejemplo de unidad, amor y apoyo mutuo, que puede inspirar a las familias para convertir sus hogares en verdaderas comunidades de amor y reconciliación.
De igual modo, el Cardenal instó a los padres de familia a no renunciar a su misión educativa, resaltando la importancia de que cada niño tenga una figura paterna y materna en su hogar.
A su vez, lamentó la situación de las madres solteras, señalando que, aunque su esfuerzo es loable, el proyecto de Dios para la familia es que cada niño crezca con ambos padres, como ocurre en la Sagrada Familia.
Oración por las familias y la sociedad
Asimismo, en su homilía dominical, el religioso también destacó las dificultades que atraviesan muchas familias hondureñas, como la falta de trabajo, la ruptura de la convivencia entre parejas, y el distanciamiento entre padres e hijos.
Frente a estos desafíos, hizo un llamado a orar por todas las familias, pidiendo al Señor que las bendiga y las guíe hacia el amor, el perdón y la ayuda mutua.
"Hoy le podemos decir al Señor Jesús: 'Bendícenos, bendice nuestras familias, bendice el amor de todas las familias del mundo, bendice a la gran familia humana'", manifestó Rodríguez, evocando las palabras del anciano Simeón, quien, al ver al Niño Jesús, proclamó: “Mis ojos han visto a tu Salvador, luz para alumbrar a las naciones”.
La familia, escuela de virtudes y convivencia
Entretanto, Rodríguez Maradiaga recordó que, en el Evangelio, se presenta a Jesús como un niño que creció en una familia, recibiendo amor y valores que lo prepararon para su misión en el mundo.
En ese contexto, destacó la importancia de la familia como un lugar donde se aprenden virtudes como el respeto, el perdón y la generosidad, esenciales para la convivencia humana.
En este sentido, invitó a todos los padres a cultivar las virtudes domésticas y a hacer de sus hogares un santuario de armonía y amor, tal como se enseña en las Sagradas Escrituras.
Citando el libro de la Sabiduría y el Salmo 127, enfatizó que “el que respeta los mandamientos del Señor será dichoso”.
Un llamado a la fraternidad en un año político
Por otro lado, el cardenal Rodríguez se refirió a la situación política de Honduras, subrayando que el amor y la fraternidad deben prevalecer, incluso en tiempos de divisiones y confrontaciones.
En ese sentido, afirmó que el amor por el bien común y la unidad de todos los ciudadanos deben ser el motor de la política, no la confrontación ni el enfrentamiento.
"El amor de Dios nos quiere fraternos. Si no somos capaces de entendernos como hermanos, no podremos vencer la pobreza galopante que impide a miles de personas vivir con dignidad", concluyó el cardenal.
El mensaje de Óscar Andrés Rodríguez en su homilía dominical resonó profundamente en los feligreses presentes, quienes, al igual que él, expresaron su deseo de fortalecer la familia como la piedra angular de una sociedad más unida y amorosa.
Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
Lc 2, 41-52
"Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran.
Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas.
Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio.
Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres".

