La burocracia inflada, muy por encima de la inversión productiva y social en Honduras, más los problemas en la distribución del presupuesto, representan un peso de la masa salarial.
Los datos comparativos no dejan lugar a dudas: La partida para mantener el aparato gubernamental en el presente período es de más de 100,000 millones de lempiras, a razón de ocho mil millones de lempiras mensuales.
La densa población de funcionarios y empleados públicos, en su mayoría parásitos, absorbe la cuarta parte del presupuesto y al menos el 50 por ciento de los ingresos tributarios.
En contraste, los recursos asignados en 2025 para la inversión pública, productiva y social, es de apenas 62,700 millones de lempiras. De esta suma, apenas han sido ejecutados 24,000 millones que representan un pírrico 29 por ciento.
¿Más burocracia inflada?
En la actual administración, como en los pasados gobiernos, las finanzas son manejadas a la sombra del desorden, de la indisciplina y del desequilibrio.
Como sucedió en los pretéritos gobiernos, en esta administración importa muy poco destinar más recursos para la educación, la salud, la producción y otros rubros importantes. La inversión pública es pura teoría vacía y un discurso fabricado.
Lo que interesa es seguir engordando la burocracia. El pago de sueldos y salarios perfora las finanzas públicas: Representa un enorme derroche que supera los cien mil millones de lempiras.
Los empleados públicos son un conglomerado de clientes políticos que va en aumento, mientras el aparato productivo se cae y la inversión pública se derrumba.
La masa salarial sigue siendo uno de los principales renglones de gasto corriente. Representa el ocho por ciento del Producto Interno Bruto, se lleva la cuarta parte del presupuesto y devora 50 centavos de cada lempira que ingresa por el pago de impuestos.
¡Cuánto dinero dilapidado en un país pobre, donde no hay oportunidades de salir adelante! Tres millones de hondureños están desocupados o subempleados y cinco de cada diez compatriotas ya emigraron o tienen la decisión tomada de irse del país.
En puras declaraciones ha quedado la promesa de las autoridades que tomaron posesión en enero de 2022 de volver eficiente el gasto dirigido a la masa salarial y de incrementar los recursos dirigidos al bienestar general y a la atención de las necesidades de la población, mediante la producción, la prestación de bienes y servicios y la transferencia de recursos.
No pueden ser echados en saco roto los fondos púbicos. No deben ser empleados los recursos que provienen del pago de impuestos en la alimentación de servidores públicos enquistados, sin beneficio alguno.
Honduras necesita un gobierno pequeño y eficiente que esté en concordancia con el desempeño de las finanzas. El país debe orientar los recursos hacia una fuerte inversión productiva y social, porque es lo que permitirá mejorar las condiciones de vida de toda la población y crear riqueza.
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