Paola Michelle Banegas Ramírez fue sentenciada a 15 años de reclusión por el delito de parricidio en perjuicio de su hija, Ingri Méndez Banegas, de apenas cuatro años.
El fallo fue dictado por un juzgado de Nacaome, en el departamento de Valle, tras comprobarse su responsabilidad en la muerte de la menor.
El trágico hecho ocurrió el 1 de agosto de 2023 en el barrio Brisas del Mar, en San Lorenzo. La Fiscalía detalló que ese día se recibió una denuncia urgente sobre una niña gravemente herida, lo que movilizó a un equipo policial hacia la zona.
¿Dónde le propinó los golpes a la niña?
Cuando llegaron al lugar, los agentes encontraron a la menor con signos evidentes de violencia.
Fue trasladada de inmediato al Hospital de San Lorenzo, donde los médicos diagnosticaron un traumatismo encéfalo craneano cerrado, contusiones y una posible fractura en la zona parietal derecha del cráneo.
Debido a la gravedad de las lesiones, la niña fue remitida al Hospital Materno Infantil de Tegucigalpa.
Allí permaneció tres días en estado crítico, con pronóstico reservado, hasta que finalmente falleció debido a los fuertes golpes recibidos en áreas vitales.
Le puede interesar: '¡Déjalo!', indigna video de hijo golpeando a su padre anciano en Intibucá
¿Por qué la madre castigó a su hija?
Según la declaración de Banegas Ramírez al momento de su detención, golpeó a su hija “porque estaba haciendo picardías”. Esa afirmación fue clave en el proceso judicial, ya que confirmó que no se trataba de un accidente, sino de una agresión directa.
La Fiscalía presentó pruebas contundentes que permitieron al tribunal dictar una sentencia de 15 años de prisión por parricidio, delito que se castiga con severidad en el Código Penal hondureño al tratarse de un crimen cometido contra un descendiente.

Parricidio, un caso que vuelve a encender las alertas
Este caso ha causado conmoción en la comunidad y reabre el debate sobre la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil en Honduras.
Organizaciones defensoras de los derechos de la niñez han insistido en la urgencia de reforzar los mecanismos de prevención y denuncia.
Mientras tanto, la pequeña Ingri será recordada como una víctima más de un sistema que aún tiene grandes vacíos en la protección de la infancia.

