El presidente Nasry Asfura y sus colaboradores del Gabinete de Gobierno han revelado que el estado de las finanzas es bastante difícil, quizás “catastrófico”.
La deuda flotante es de 24,000 millones, la masa salarial fue incrementada groseramente en 33,000 millones en los cuatro años recientes, 76 municipalidades enfrentan demandas por al menos mil millones y varias las instituciones del Gobierno Central encaran acciones por 90 millones, en promedio.
El descalabro de las finanzas públicas no es de nueva data. Ha sido una costumbre que las autoridades que llegan al mando de la nación presenten un cuadro que refleja el desequilibrado de los ingresos y de los gastos.
Pacto fiscal frente a finanzas en rojo
Los funcionarios salientes siempre son acusados de haber hecho “pedazos” los recursos públicos.
En distintas épocas de nuestra realidad nacional, el tema de las finanzas ha sido visto de soslayo y puesto en la carpeta de prioridades solamente en tiempos de apuros.
Una y otra vez se han planteado propuestas, se han expresado intenciones o presentado iniciativas para sanear y lograr el balance de las finanzas.
En la administración Asfura se ha echado mano al mismo expediente. El Gobierno que proclama que “vamos a estar bien” ha trazado como una de sus principales metas el adelgazamiento del Estado y la reducción de 15,000 millones en el gasto corriente.
Alrededor de dicha tesis se ha hablado y escrito infinitas veces, sin resultados trascendentes. No ha sido posible llegar a un convenio para identificar el fiel de la balanza entre la salud económica, la disciplina fiscal y la prosperidad social.
El vacío está en que la bonanza macroeconómica no es derramada sobre las masas. Hace falta caminar mucho para consensuar un pacto fiscal por el que siempre han propugnado los políticos cuando han tomado el poder.
El país necesita una coordinación entre las políticas fiscal, monetaria, cambiaria y crediticia con las estrategias de proyección social y desarrollo económico.
Es apremiante que los funcionarios trabajen para darle sostenibilidad a la deuda pública, mantener las reservas internacionales, controlar la inflación y apuntalar hacia un manejo correcto de la macroeconomía.
En Honduras se ha dado muy poca importancia a la necesidad de tomar decisiones macroeconómicas y de establecer un balance entre las demandas cotidianas y la disciplina para evitar descalabros fiscales como el que enfrentamos hoy día.
Es un imperativo darle validez a la fórmula por la cual sea posible que la producción, el empleo y la inversión aumenten a la par de un sano comportamiento de los indicadores macroeconómicos.
También es urgente ponerle fin a los abusos y a los desastres financieros provocados por los políticos de una y otra divisa partidaria.
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