Durante una visita pastoral en Saigón, Vietnam, el capellán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, padre Khoi Tran, fue testigo de un hecho conmovedor. Mientras se encontraba con las Misioneras de la Caridad de Cristo, dos huérfanos del orfanato administrado por las religiosas encontraron a un bebé abandonado cerca de un basurero, justo frente al hogar.

El infante, cubierto de picaduras de hormigas y visiblemente sucio, lloraba desconsoladamente en medio de la noche.

De tal manera, las hermanas actuaron con rapidez y limpiaron al bebé, alertaron a las autoridades y contactaron al padre Khoi Tran para que le brindara una bendición especial.

Inspiradas por la devoción del sacerdote, decidieron nombrar al niño en honor a su santo patrono, San Francisco Javier, gesto que el padre acogió con gratitud.

"Ha sido un honor colaborar y trabajar con ellas para cuidar a los más pobres entre los pobres", expresó el capellán en una entrevista con ChurchPOP.

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Un gesto de fe y esperanza

El sacerdote compartió la experiencia en sus redes sociales, describiendo el momento como “muy emotivo” y destacando la gracia de Dios al permitir el rescate del menor.

En sus palabras: "ahora tengo otro hijo por quien cuidar y orar cada día".

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Reacciones llenas de fe y compasión

La historia conmovió a miles de personas en redes sociales, donde se multiplicaron los mensajes de oración y gratitud. Comentarios como “¡Misericordia Señor, cubre a este bebé con tu manto!” y “Gracias a Dios lo dejaron vivir, reflejan el sentir de una comunidad tocada por el acto de amor y caridad.

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Otros usuarios, profundamente conmovidos, elogiaron la labor silenciosa de la Iglesia y el compromiso de religiosos que, sin buscar reconocimiento, entregan su vida al servicio de los más vulnerables.

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Muchos usuarios también expresaron solidaridad con el bebé y admiración por quienes lo socorrieron. Dios bendiga al bebé y a las hermanas de la caridad por su gran corazón”, escribió una usuaria.

Entretanto, otro comentario resonante señaló: “Y saber que hay mujeres como yo que daríamos la vida por tener un hijo…”, revelando la profundidad emocional que generó el caso.

La historia, cargada de dolor y esperanza, ha despertado un amplio respaldo a quienes, con amor cristiano, se convierten en guardianes de la vida.

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