Un pastor evangélico fue detenido por la policía, acusado de los supuestos delitos de violación y tortura sistémica de cuatro niños: sus dos hijas, una hijastra y un hijastro.

El religioso, que predicaba en una iglesia en Santo Antônio do Descoberto, Goiás, Brasil, aprovechó su rol de figura de fe para someter a los menores a un "infierno de terror".

La investigación policial detalla la crueldad de los actos. El pastor obligaba a las niñas y al niño a arrodillarse sobre granos de maíz y chapas de botellas.

Las víctimas, que oscilaban entre las edades de 6 y 7 años, sufrieron una tortura física y psicológica constante.

El sujeto aumentaba el trauma coaccionando a los menores a ver películas pornográficas en su compañía.

Además, forzaba a las niñas a presenciar los abusos sexuales entre ellas.

Establecía un vínculo perverso entre la fe y el trauma, ya que después de cometer los abusos, obligaba a las víctimas a poner las manos en la Biblia y rezar con él.

El hijastro sufrió agresiones especialmente brutales. Recibía amenazas continuas y castigos corporales "extremadamente graves", que incluían golpes con alambre de púas. Estas golpizas le provocaron una desfiguración permanente.

Las denuncias también señalan que las agresiones ocurrían cuando el investigado estaba sobrio o bajo los efectos del alcohol y las drogas.

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La detención del pastor se concretó durante la operación policial bautizada como "Falso Profeta".

Las víctimas, quienes habían permanecido en silencio por miedo a represalias, falta de conocimiento legal y presiones de familiares paternos, lograron finalmente denunciar los casos este año.

Los servicios de Protección Infantil fueron cruciales al contactarlas e iniciar el proceso legal.

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