Lamentablemente, el Presupuesto de la República ha sido instrumentalizado por los políticos que han impedido que esta herramienta sea empleada para la planificación del desarrollo de Honduras.

El programa de ingresos y egresos que ha sido proyectado en 469,000 millones de lempiras es el más elevado de la historia, pero también el que se prevé que sea mayormente manipulado en un año de elecciones.

Clavados en una postura intransigente, congresistas de la bancada de Libre y funcionarios de la Secretaría de Finanzas han enfatizado que la administración Zelaya Castro destinará 104,000 millones de lempiras para la inversión pública, el monto más alto de la historia y proporcional con el diez por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Presupuesto instrumentalizado

Con cierto empecinamiento y sin ánimo de darle un análisis ponderado al manejo de las finanzas, los defensores de la refundación de Honduras insisten en que el Gobierno ha destinado recursos sin precedentes a la inversión social y productiva.

Pero se han olvidado de poner sobre la mesa puntos críticos que no hay que ver de soslayo. El primero de ellos es que la administración presente no ha podido alcanzar una ejecución eficiente de las asignaciones presupuestarias.

La mala gestión de ingresos y de gastos ha sido una característica invariable en los casi cuatro años que lleva el Partido Libertad y Refundación (Libre), en el poder.

Y el segundo elemento cuestionable es que los montos que el Gobierno asegura que son destinados para la inversión pública no han tenido efecto alguno en el mejoramiento de las variables económicas y sociales. En realidad han sido un gasto.

Nada más para hacer referencia a la partida aprobada para efectos de la inversión púbica en 2025, se sabe que la ejecución es muy pobre: se ha mantenido entre el 30 y el 40 por ciento.

Una pregunta que no debe quedar en el limbo: ¿Cómo se explica que se hayan destinado tantos fondos y que los niveles de pobreza no reflejen un avance, sino que se mantengan arriba del 60 por ciento?

Está prohibido olvidar cómo se tejió el escándalo que se dio en llamar “el checazo”, cuyos principales actores son precisamente miembros del partido Libre.

Contra ellos, el Ministerio Púbico jamás emprendió las acciones penales que correspondían por el despreciable plan dirigido a dilapidar los fondos tomados bajo el ropaje de llevar obras sociales a las comunidades postergadas.

El presupuesto sigue siendo un instrumento de repartición de fondos con cálculo político e inequidad en la definición de prioridades. Estamos encadenados a la contratación de más préstamos, al pago de una asfixiante deuda pública y a un creciente despilfarro de dinero en una burocracia cada vez más gorda e infructuosa.

Es impostergable que se construya un esquema de asignación justificada que garantice una ejecución eficaz y transparente de recursos. Más inversión es mayor desarrollo y menos pobreza.

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