Los eventos climáticos de 2020 llevaron muy alto las pérdidas del sector productivo, rompieron el piso de la productividad y pusieron en serio riesgo la seguridad alimentaria en Honduras.

Sin embargo, casi todos los rubros mostraban una caída sostenida antes de los embates de la naturaleza que destruyeron casi toda la infraestructura productiva del país el año pasado.

Un análisis de la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh), resalta que uno de los renglones que han sufrido las caídas más pronunciadas en su rendimiento son el banano que crecía a un ritmo promedio de seis por ciento, pero en el último lustro tuvo un descenso anual de tres por ciento.

La cosecha de maíz que había crecido en cuatro por ciento cada año, se derrumbó en 16 por ciento en el período entre 2015 y 2020, pone de manifiesto el reporte de la organización de los agricultores y ganaderos.

Y la pesca y la acuicultura experimentaba un mejoramiento del nueve por ciento en su actividad productiva antes de 2015, aunque desde entonces su crecimiento no ha podido pasar de dos por ciento.

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Desde 2019, la baja en la actividad productiva ha sido muy notoria en los sectores del café, el aceite de palma, los frijoles la caña de azúcar y la silvicultura: entre el dos y el seis por ciento. Solamente las frutas y los vegetales se mantuvieron en su rango.

Según las cifras del Banco Central de Honduras, el sector agroindustrial registraba un crecimiento promedio de alrededor de cuatro por ciento en los últimos 20 años;no obstante, apenas creció en uno por ciento en 2019 y, a septiembre de 2020, ya tenía una caída del 15 por ciento por efecto de la pandemia, sin tomar en cuenta los efectos de Eta y de Iota.

El sector agropecuario contribuye con un 14 por ciento en la formación del Producto Interno Bruto nacional y la agroindustria lo hace con el 10 por ciento para totalizar un 24 por ciento.

Estos sectores juegan un papel significativo para la población de las zonas rurales, donde se generan los principales ingresos y se establecen las bases de la seguridad alimentaria; también para las regiones urbanas, donde se gestan las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que es el sector que más abona a la creación de espacios de trabajo.

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